Ciudad de México
Doctor José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Señor licenciado Fidel Herrera Beltrán, Gobernador del Estado de Veracruz y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.
Maestro José Reyes Ferriz, Presidente Municipal de Ciudad Juárez y Presidente de la Conferencia Nacional de Seguridad Pública Municipal.
Doctora María Elena Morera de Galindo, Presidenta de Causa Común, A. C.
Señor Marcos Fastlicht, Presidente del Consejo de Participación Ciudadana de la Procuraduría General de la República.
Distinguidos representantes de asociaciones civiles y líderes de la sociedad civil.
Señoras y señores representantes y líderes de organizaciones empresariales.
Señoras y señores especialistas y académicos.
Ingeniero Salomón Presburger, Presidente de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos.
Señora Isabel Miranda de Wallace, Presidenta de Alto al Secuestro.
Señor contador Eduardo Joaquín Gallo y Tello, Presidente de México Unido Contra la Delincuencia.
Doctor Luis de la Barreda Solórzano, Director General del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad.
Licenciada Edna Jaime Treviño, Directora General y Representante de México Evalúa, Centro de Análisis y Políticas Públicas.
Distinguidos representantes de la sociedad civil, aquí presentes.
Estimados pastores de iglesias cristianas y evangélicas.
Ingeniero Juan Manuel Durán Gutiérrez, Rector de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México del Tecnológico de Monterrey.
Amigas y amigos:
Muy buenos días.
En las últimas semanas, los principales actores políticos, económicos y sociales del país hemos participado en un ejercicio inédito de diálogo para fortalecer la lucha por la seguridad y por la tranquilidad de los mexicanos.
Hoy, estamos reunidos para hacer juntos un balance de este ejercicio democrático, pero, sobre todo, para conocer la evaluación que hacen los representantes de la sociedad civil, para conocer su opinión nuevamente y escuchar la relatoría sobre los avances de los compromisos del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad.
La delincuencia se ha convertido no sólo en la principal amenaza de la paz, la seguridad y la libertad de los mexicanos, sino también en el mayor riesgo para nuestro desarrollo y para la estabilidad democrática del país.
Esta situación nos ha convocado, nos ha urgido y nos ha comprometido a actuar de manera conjunta. Por eso agradezco su participación, y agradezco la de todas las personas, agrupaciones e instituciones que han respondido a esta convocatoria; a las organizaciones ciudadanas, religiosas y empresariales; a los representantes de los medios de comunicación, de la academia, a los expertos; a los representantes de los Poderes Judiciales de la Federación y de los estados, a los partidos políticos y a las fracciones parlamentarias del Congreso de la Unión; a los Gobernadores y a los Presidentes Municipales.
Expreso, además, mi reconocimiento a quienes fungieron como testigos sociales en cada uno de los nueve diálogos que he sostenido en semanas recientes.
Ha sido, sin duda, un ejercicio franco, abierto, plural, incluyente, en el que los participantes se han expresado con absoluta libertad. Los argumentos, las razones, las experiencias y las propuestas nos han ayudado a tener una perspectiva más realista e integral del fenómeno delictivo en el territorio nacional. Confirman, desde luego y con tristeza, lo mucho que nos hace falta por hacer.
Dentro de todo, los Diálogos han movido parte de la conciencia nacional sobre la urgencia de enfrentar a la delincuencia con un trabajo conjunto de los tres órdenes de Gobierno, de los poderes públicos y de la sociedad entera.
Hoy tenemos la oportunidad histórica de transitar juntos, de una estrategia de Gobierno, hacia una verdadera política de Estado en materia de seguridad; una política que levante la mirada por encima de diferencias ideológicas, de coyunturas y de ciclos de Gobierno y concentre los recursos y las capacidades del Estado mexicano en un esfuerzo de todos sus integrantes para alcanzar un México de paz, de leyes y de justicia.
Durante los Diálogos por la Seguridad, que hemos sostenido, intercambiamos propuestas, puntos de vista y compromisos alrededor de varios aspectos fundamentales.
Uno, que quiero destacar, es que esta lucha por la seguridad, esta lucha contra el crimen organizado, no está referida, ni única y probablemente ni principalmente, contra el narcotráfico.
Los trágicos sucesos ocurridos esta semana, señaladamente la barbarie cometida con el homicidio de 72 personas, migrantes, en nuestro país, habla, precisamente, del grado de violencia y de barbarie con el que actúan los criminales.
Habla, también, de que están enfocados a agredir a la sociedad y a apoderarse de las rentas lícitas o ilícitas de cualquier actividad económica de nuestras comunidades.
Habla de que constituyen una verdadera amenaza para nuestra sociedad, y de que esa amenaza requiere que le hagamos frente, de manera decidida, unida y sin titubeos.
El enemigo, claramente lo refrendo, los enemigos son los criminales. No somos unos mexicanos respecto de otros, por muy diferentes que sean nuestras ideologías y nuestro distinto modo de pensar.
Hoy los hechos han sacudido verdaderamente la conciencia nacional e internacional. Nos hablan, sí, del tamaño del reto y del desafío que tenemos enfrente, pero también nos hablan de la urgencia de trabajar unidos, entre órdenes de Gobierno, entre poderes públicos, pero también entre sociedad y Gobierno.
Quiero destacar, también, las vertientes sobre las cuales fueron construyéndose las principales discusiones de este Diálogo.
Primero. La necesidad de fortalecer el entramado institucional. La preocupación central es que, sin importar quién gobierne, los mexicanos estén protegidos por policías honestos y profesionales. Por un sistema de justicia eficaz y transparente; por un marco legal que fortalezca a la autoridad frente a los criminales, no sólo frente al crimen organizado, sino frente al crimen del orden común, que es el que más afecta a los ciudadanos; un marco legal que permita castigar eficazmente a los delincuentes.
Por ejemplo. Se propuso instituir un nuevo modelo policiaco, integrado por 32 policías estatales, profesionalizadas y confiables, cada una de ellas con un mando único; y redefinir las funciones, los alcances y las vías de coordinación con los cuerpos de seguridad municipal.
También se planteó transformar al Ministerio Público en una institución fuerte, profesional y bien remunerada, con el fin de mejorar, precisamente, la investigación del delito, la integración de averiguaciones previas y cerrar espacios a la impunidad desde la procuración de justicia.
Asimismo, se propuso fortalecer la carrera judicial, a través de la revisión de los mecanismos de selección, profesionalización, protección y remoción de los jueces.
Segundo. Se destacó en los Diálogos la urgencia de redoblar esfuerzos en materia de prevención del delito.
Hubo un amplio consenso sobre la importancia de reforzar el componente social de la estrategia, mediante una mayor oferta educativa y de mayor calidad; una mayor oferta recreativa, cultural y, especialmente, laboral para los jóvenes y los adolescentes; y una política, también, mucho más activa en materia de prevención y de tratamiento de adicciones.
Particularmente, se hicieron propuestas muy importantes acerca de la prevención del delito.
Uno. Definir metas claras en la contención de las adicciones, a la que debemos de llegar desde todas las disciplinas: de salud, de educación y de readaptación social, entre otras.
Dos. Lograr un cambio cultural que arraigue la formación de valores y ponga a la familia como centro de la convivencia, de la persona, y especialmente de los jóvenes y los adolescentes.
Y tres. Fortalecer el sistema educativo, ampliando su cobertura y calidad, particularmente en los niveles medio y superior. Hay una demanda generalizada de mejores maestras y maestros, de mejores instalaciones y, en general, de mayor inversión en la educación.
Tercero. La necesidad de contar con sistemas efectivos de información, de evaluación y de control de la política de seguridad y de justicia. Se planteó la urgencia de hacer accesible la información sobre el fenómeno delictivo. Se propuso la creación de instancias ciudadanas de seguimiento y evaluación de las acciones de las instituciones policiales, ministeriales y judiciales, para poder evaluar con objetividad el cumplimiento del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad.
Y cuarta vertiente. El imperativo de asegurar la corresponsabilidad entre los tres órdenes de Gobierno en las tareas de seguridad, a la que hace referencia nuestra Constitución. Ello implica definir con claridad las tareas de seguridad en los niveles Federal, estatal y municipal.
Pero, sobre todo, se propuso establecer mecanismos de colaboración e intercambio de información en todos los órdenes de Gobierno, a partir de la Ley General del Sistema de Seguridad Pública.
Se planteó, también, la colaboración de todos los órdenes de Gobierno en la operación del Sistema Único de Información Criminal.
En estos Diálogos no sólo se hicieron propuestas y críticas, sino también varios compromisos. Muchos líderes de organizaciones ciudadanas y académicas, se comprometieron a apoyar el proceso de transformación de los sistemas de seguridad y justicia en todo el país, así como a contribuir en el diseño, operación y evaluación de las políticas públicas en materia de seguridad.
Diversos representantes de asociaciones religiosas se comprometieron a promover una nueva cultura de la legalidad en la población, con base en valores e ideales humanistas.
Por su parte, varios dirigentes de partidos políticos se comprometieron a redoblar esfuerzos para tener las mejores leyes en seguridad y justicia, y participar activamente en la construcción de una política de Estado en esta materia, al margen de diferencias, colores o trincheras partidistas.
Asimismo, una parte de los Gobernadores se comprometió a replicar los Diálogos por la Seguridad en sus estados, a fortalecer el trabajo coordinado y corresponsable con las autoridades Federales y municipales, a ampliar las partidas destinadas a seguridad y garantizar su adecuada aplicación, así como a discutir en sus entidades la creación de mandos policiacos únicos.
Por mi parte, como Presidente de la República, soy el primero en asumir los compromisos que le corresponden al Gobierno Federal, como resultado de estos Diálogos; en seguir, precisamente, los avances que hemos tenido en cumplimiento, y en reconocer lo mucho que nos falta por hacer.
En lo que respecta al fortalecimiento institucional, tenemos que hacer varias cosas.
Primero. Seguiremos apoyando con Fuerzas Federales a estados y municipios para contrarrestar la acción de los criminales en esos lugares.
Reforzaremos la Estrategia Nacional de Seguridad y revisaremos, ajustaremos y rectificaremos lo que sea necesario.
Revisaremos nuevamente los procedimientos de control de confianza en nuestros mandos medios y superiores, tanto en las Fuerzas Armadas, como en la Policía Federal y en la Procuraduría General de la República.
Yo quiero invitarles a ustedes, señoras y señores, a que exploremos alternativas para que las propias organizaciones civiles puedan participar en la evaluación de los mecanismos de control de confianza de todas las instituciones de seguridad y justicia, tanto a nivel Federal, como a nivel estatal.
Impulsaremos una nueva Estrategia contra el Lavado de Dinero que, precisamente, y en respuesta a la exigencia de estos diálogos, fue presentada el día de ayer a la opinión pública.
Seguiremos trabajando con el Poder Legislativo en nuevas leyes que nos permitan derrotar a este enemigo común, que es el crimen.
En lo que concierne a la prevención del delito, seguiremos impulsando una política social que genere más oportunidades de educación, cultura y recreación para los jóvenes. En particular, nos esforzaremos en ampliar el presupuesto en materia de educación media superior y superior.
En lo que se refiere a evaluación y control. Revisaremos la ejecución de los avances del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, junto con la sociedad civil.
Mantendremos de forma permanente las mesas de diálogo con la ciudadanía. Haremos más accesible la información que tiene el Gobierno Federal sobre la criminalidad.
Es por ello que he designado un Vocero en Materia de Seguridad en el Gobierno Federal, que recopile la información y coordine la comunicación en este tema.
Por último. En lo que respecta a la corresponsabilidad. Seguiremos tendiendo puentes de colaboración con todos los actores para sumar voluntades en esta lucha por la seguridad.
Pondremos todo lo que esté de nuestra parte para arribar a una política de Estado que nos permita enfrentar y superar, lo más pronto posible, el fenómeno delictivo.
Asimismo, en los próximos días someteré a la aprobación del Congreso de la Unión un paquete de iniciativas sobre temas que son prioritarios, como son: la creación de la policía con mando único estatal, la corresponsabilidad de integrantes de bandas criminales en los delitos cometidos por esas bandas y reformas a la Ley de Extinción de Dominio.
Este paquete complementará otras iniciativas que ya hemos presentado ante el Congreso y que aún están pendientes. Es indispensable contar con su apoyo, para enriquecerlas y lograr su aprobación.
Les pido que se acerquen a los legisladores, que nos acompañen en el impulso que necesitamos para lograr la arquitectura legal que nos dé fuerza y contundencia en la lucha por la seguridad.
Entre las iniciativas que hemos presentado al Congreso y que aún requieren de aprobación se encuentran, por ejemplo: el proyecto que reforma el Código de Justicia Militar, la Reforma a la Ley Federal de Armas de Fuego, la Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Secuestro, las reformas para sancionar delitos contra familiares de servidores públicos de instituciones de seguridad y de candidatos de elección popular, y las reformas a la Ley de Seguridad Nacional.
Señoras y señores:
Los Diálogos nos han servido para conocer mucho más a fondo el tema, para hablarnos y escucharnos, para sumar voluntades, para despertar conciencias y para remover resistencias. Nos han ayudado a identificar lo que se está haciendo bien, lo que se está haciendo mal y en dónde es imprescindible redoblar esfuerzos.
Uno de los resultados más destacados de los Diálogos consiste en que, con la participación de todos, nuestros esfuerzos se dirijan al mismo objetivo, que es asegurar la tranquilidad de los mexicanos.
Hay que extender este ejercicio democrático para enfrentar a la delincuencia y alinear las capacidades públicas del Estado en todos los niveles de Gobierno, en todos los poderes, para potenciar los recursos con los que cuentan la sociedad civil y los medios.
Hay que seguir en contacto con la gente, escuchando sus problemas, sus experiencias y sus propuestas.
Es necesario llevar este proceso de diálogo a todas las entidades federativas y respaldar las audiencias públicas, donde se revise la problemática y las políticas en materia de seguridad pública.
La lucha por la seguridad de los mexicanos tiene que ser una tarea, responsabilidad primerísima del Gobierno, pero que sea impulsada y parte desde la sociedad misma, y nos obliguen a las autoridades y a los representantes populares a asumir la corresponsabilidad para dar respuesta eficaz a las demandas de seguridad de los ciudadanos.
Hoy, esta sesión, no es ni remotamente un punto de llegada. Al contrario, es apenas un punto de partida. Porque el desafío es claro: seguir avanzando hacia una auténtica política de Estado que nos permita fortalecer a las instituciones de seguridad y de justicia en el país, y hacer retroceder el delito, alejarlo de nuestras calles y de nuestras familias.
Es una tarea compleja. Es uno de los mayores desafíos del país. Pero es más grande la grandeza de México. Es más fuerte el deseo de su gente de vivir en paz, porque somos más, muchísimos más los mexicanos que aspiramos y anhelamos vivir una tranquila convivencia en el orden.
Por eso, vamos a seguir adelante, hasta lograr para las futuras generaciones de mexicanos, y también para la nuestra, el México seguro, el México libre, el México en paz que las mexicanas y los mexicanos merecen.
Muchísimas gracias.
Y estamos atentos a sus observaciones.