Ciudad de México, 27 de mayo del 2011
Qué tal, muy buenos días, amigas y amigos.
Saludo con aprecio a la Diputada Yolanda de la Torre Valdez, Presidenta de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados. Yolanda, muchas felicidades por su trabajo, creo que esto es un fruto merecidísimo del gran esfuerzo que usted, personalmente, puso en esta ley. Muchas felicidades.
Saludo también al Senador Guillermo Tamborrel Suárez, Presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables del Senado de la República. También le felicito y agradezco por su trabajo.
A la Diputada Claudia Anaya.
A todas las Legisladoras, los Legisladores aquí presentes.
Saludo al doctor Raúl Plascencia Villanueva, Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Le agradezco muchísimo su presencia.
Al licenciado Ricardo Bucio Mújica, Presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
Al licenciado Javier Agustín Quijano Orvañanos, Presidente de la Confederación Mexicana de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual.
A todos los colaboradores del Gobierno Federal vinculados con el tema.
Desde luego, a muchas personas con discapacidad y que tienen un gran liderazgo en nuestra sociedad.
Desde luego, a mi paisana Doramitzi González, medallista paralímpica de natación.
Perdió el Morelia. Ni modo.
A todos ustedes, amigas y amigos.
Distinguidos invitados especiales.
Bienvenidos todos.
Me alegra mucho recibirlos en Los Pinos, en la casa de todos los mexicanos, en un día muy especial y muy importante, como es la Firma del Decreto con el que se promulga, finalmente, la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad.
Sé perfectamente, sabemos que las personas con discapacidad han enfrentado durante décadas, durante siglos, condiciones de injusticia, de inequidad, de discriminación; que son muchas las historias de personas con discapacidad que han llevado una vida de marginación, a las que se les cierran las oportunidades, las oportunidades para estudiar, para superarse; a las que se les levantan grandes obstáculos para trabajar, que son discriminadas clara e injustamente y, en general, que no tienen ni se les permiten espacios para participar y para ser escuchados.
México no puede darse el lujo de desperdiciar así el talento y la energía de mujeres y de hombres valiosos, de mexicanas y mexicanos ejemplares, que día con día son verdadero ejemplo de constancia, de tesón, de voluntad a toda prueba.
Se trata de mexicanas y mexicanos que exigen respeto a sus derechos y no concesiones graciosas; mujeres y hombres que merecen oportunidades, y no dadivas o regalos.
Que sé bien que quieren contribuir con su esfuerzo a su avance personal, al de sus familias, al de sus comunidades y, por supuesto, al del país. Y por eso, es una excelente noticia de que México hoy cuente con esta nueva legislación, y que esta legislación sea de vanguardia.
Así que quiero reconocer ampliamente la sensibilidad, la visión y altura de miras de las y de los legisladores, de todos los partidos, por cierto, que contribuyeron a la elaboración de esta ley. Que abrieron las puertas del Senado y de la Cámara de Diputados para escuchar todas las voces posibles, que se adentraron en la comprensión de la problemática y en los requerimientos que el marco jurídico tenía para su actualización y modificación.
Y también, desde luego, el trabajo de todos los grupos de la sociedad civil involucrados en este tema: de académicos, de expertos, de muchas mamás, muchos papás; de niñas, de niños con discapacidad; de muchas personas con discapacidad que estuvieron aportando, señalando, exigiendo determinadas regulaciones, para que finalmente esta ley pudiera ver la luz hoy, un día como hoy, en que la acabamos de promulgar.
Su participación en las discusiones que se llevaron a cabo durante esta ley, fueron fundamentales para enriquecer este proyecto, para ponerlo a la altura de las leyes más avanzadas del mundo en la materia, para superar las deficiencias de quienes no conocemos a fondo este tema, y que pudieron, considero, ser superadas, precisamente, en este proceso legislativo.
Hay varios aspectos muy positivos de esta ley. No puedo referirme a todos, pero hay algunos que vale la pena destacarlos en un día tan especial.
Primero. A partir de ahora la atención a las personas con discapacidad deja de ser una política o con un criterio asistencialista, y se convierte en una política de pleno reconocimiento a los derechos humanos de las personas con discapacidad, un enfoque totalmente distinto.
Este cambio es fundamental para reivindicar la dignidad humana, para igualar las oportunidades y, sobre todo, para mejorar las condiciones de vida de las personas con discapacidad.
Segundo. Por primera vez en la historia del país, se eleva a rango de ley la prohibición explícita de tratar de manera discriminatoria a quienes tienen alguna discapacidad.
Este mandato es clave para eliminar la exclusión, la segregación, la marginación; la discriminación, en una palabra, que tanto daña a este enorme sector de la población. Y, sobre todo, es fundamental hacerlo así, obligatorio, y en la ley, para erradicar, también, los prejuicios, la incomprensión, las resistencias que frenan su desarrollo y, también, para cambiar una cultura que ha visto, desde un punto de vista, precisamente, discriminatorio, y en el mejor de los casos asistencialista, paternalista, este tema.
Tercero. Se ordena a las dependencias que reetiqueten o etiqueten los apoyos dirigidos a la atención de las personas con discapacidad. Esto es muy, muy importante. Con ello no sólo se transparenta la inversión pública para este sector de la sociedad, sino que también se podrá evaluar el impacto de los programas en la materia.
Además, se da certidumbre a la colaboración entre los distintos órdenes de Gobierno, así como a la participación de la ciudadanía.
Cuarto. Se armoniza nuestro marco jurídico con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que fue adoptado por la Organización de las Naciones Unidas en 2007, en buena parte, por cierto, a impulso de nuestro país.
Esto pone a México entre los países que impulsan las mejores prácticas internacionales de política pública en el rubro.
He escuchado con atención los planteamientos del Senador Tamborrel, como del licenciado Quijano, y la verdad, me parece muy interesante. Es un punto que yo no tenía plena consciencia de ello.
La reserva interpretativa hecha por México, efectivamente, tal y como me estaban platicando, entre otros, Margarita, hace un momento, sí genera problemas. Ahora sí que, al dejarlo a la interpretación, muchos de nuestros jueces o, por desgracia, muchos litigantes en México, ahora sí que la interpretan como se dice técnicamente, como se les da la gana y, entonces, perjudican muchas veces los derechos de las personas con discapacidad.
Así que, yo con mucho gusto, Senador, licenciado, con mucho gusto voy a revisar personalmente este tema de la reserva. En principio, estoy de acuerdo en eliminarla, y sí le voy a pedir una comisión que analice detalladamente ese tema.
Quinto. Se crea formalmente en la ley un órgano descentralizado, un órgano especializado: el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad, en cuyo órgano de gobierno participan representantes de las principales dependencias de la Administración Pública Federal que brindan apoyo a este sector de la sociedad.
Participa también la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Tiene un sistema complejo, una Asamblea que nombra sus representantes, que a su vez participan en el Consejo. En esa Asamblea están representadas las entidades de la República. Coincido en que puede tener muchas complejidades; sin embargo, la voluntad emanada del Legislador reflejó ese sentido federalista, desde luego, que campea en nuestro Congreso y qué bueno que campee.
Será muy importante que el órgano de gobierno, la Junta, actúe y, desde luego, que el Gobierno cumpla lo que la propia ley establece, de integrarlo a la brevedad y de integrarlo, además, en la representación gubernamental, no con suplentes, como ocurre en algunos partidos no calificatorios de la Selección, sino integrarlo verdaderamente con los titulares de las Secretarías de Estado ahí representadas.
Por todas estas razones, amigas y amigos, yo en lo personal me alegro y celebro que hoy se haya firmado el decreto por el que se promulga esta Ley para la Inclusión de las Personas con Discapacidad.
Esto nos pone en la ruta correcta para cumplir la promesa de un mejor presente y de un mejor futuro para los mexicanos que tienen discapacidad.
Esta nueva ley está en total sintonía con las acciones, con los programas que hemos puesto en marcha en esta Administración y, por supuesto, que sabemos que son insuficientes. Por ejemplo, protege el derecho a la salud y a la educación especializados; protege el derecho al deporte, a la recreación y a la cultura; el derecho a la accesibilidad universal, a la vivienda adaptada, adaptada a sus necesidades, al libre desplazamiento en condiciones dignas y seguras, que fue el primer aprendizaje en el tema que yo tuve hace ya muchos años, en 1988, con mis amigos de Libre Acceso, enfocados específicamente a esto; el derecho a la información, el derecho a la justicia, al desarrollo social. En fin.
En el Gobierno, amigas y amigos, estamos trabajando intensamente para hacer valer cada uno de estos derechos fundamentales en una sociedad tan compleja y con problemas tan añejos, como es la sociedad mexicana.
Pero lo hacemos con el claro propósito de promover el desarrollo, promover la inclusión; desde luego, la inclusión ahora con mandato de ley de las personas con discapacidad, y de hacerlo en estos distintos ámbitos de la vida nacional, para que, además, se haga, nuestra sociedad, verdaderamente pueda generar un clima de igualdad de derechos, libertades y oportunidades.
Hemos avanzado, pero es innegable que prevalecen enormes desafíos en esta materia. La alineación del marco jurídico, del marco institucional, es importante; sin embargo, no es suficiente la ley para transformar en sí misma la realidad, la realidad que viven las personas con discapacidad en el país.
Nos falta, quizá, lo más importante. Necesitamos un cambio de mentalidad, un cambio cultural de fondo en la sociedad para verdaderamente incluir a este sector a los derechos que se ejercen plenamente y al desarrollo.
Los obstáculos más importantes, quizá, que enfrenten las personas con discapacidad no son sólo los físicos, son, sobre todo, a mi juicio, de actitud, de manera de ver, de manera de comprender, de manera de vivir este tema.
Así que, es imprescindible que abramos paso a un México de solidaridad, de responsabilidad, y donde nos hagamos responsables no sólo del destino propio, sino del destino de los demás y, desde luego, al trabajo y al compromiso conjunto, al México de las familias que enfrentan y que superan todas las adversidades para sacar adelante a sus hijas, a sus hijos con discapacidad.
Al México de las organizaciones civiles y de los líderes sociales que luchan, sin descanso, para lograr la inclusión plena de las personas con discapacidad en la sociedad.
Esta es una tarea que nos convoca y nos compromete a todos. Es hora de acabar con la distinción arbitraria que daña profundamente la dignidad y la vida de este sector en la sociedad. Es momento de que la igualdad esencial a la que tenemos derecho todos los seres humanos, sea también reconocida en los hechos.
Amigas y amigos:
La igualdad y la no discriminación son principios rectores de toda democracia. Por eso, nuestra generación tiene el reto de hacer del respeto a la diversidad una norma; del reconocimiento de nuestras diferencias, una costumbre; y de la promoción de la igualdad, una obligación.
Yo invito, felicito, desde luego, primero, e invito también a los poderes públicos, a los tres órdenes de Gobierno, a los empresarios, a los sindicatos, a los medios de comunicación, a la sociedad en general, a las organizaciones civiles, por supuesto, a unirnos en estas reivindicaciones a unirnos para reivindicar las libertades, los derechos y la dignidad de quienes enfrentan alguna discapacidad.
Yo estoy seguro de que juntos podremos destruir esas barreras culturales y estructurales. Juntos podemos acelerar el paso en los programas que hacen falta, en las políticas públicas transversales, que son indispensables.
Del lado del Gobierno, estaremos pendientes de que cada Secretaría y cada dependencia haga lo que tenga que hacer, y se entienda y se asuma que esto no es un asunto allá de un área en la Secretaría de Salud, es un asunto de todas las áreas del Gobierno, porque todas tenemos que ver con personas, con mexicanas y con mexicanos de carne y hueso.
Así que, juntos podemos derrumbar mitos, prejuicios, estos muros para avanzar hacia una sociedad libre de discriminación.
Finalmente. Quiero felicitar a las niñas y a los niños que hoy están con nosotros, que este coro maravilloso e integrado por niñas y niños con discapacidad, y que nos sentimos muy contentos de oírlos y de verlos cantar las cosas que a nosotros nos gustan, quizá las que más nos gustan a los mexicanos, que son el Himno Nacional y Cielito Lindo.
Así que, muchas felicidades a ustedes.
Y muchas gracias por estar aquí esta mañana.
Felicidades a todos.
Muchísimas gracias.