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El Presidente Calderón en el encuentro con la comunidad mexicana

11 jun 2011 | Discurso

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San José, California, E.U.A., 11 de junio del 2011

Gracias. Muchas gracias, queridas amigas, queridos amigos.

Muy buenas tardes a todos.

Saludo a nuestro buen amigo Cándido, del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.

A Mariano, por supuesto. Mariano, la verdad es que tu testimonio ha sido para mí muy impresionante. Ese es el punto. La discriminación y la marginación.

Y la barrera, además, creo que tú la has descrito perfectamente, la barrera del idioma. Una barrera que, además, es doble en el caso de nuestra gente, de las comunidades indígenas. La barrera del inglés en esta sociedad distinta, en esta comunidad distinta; pero además, la barrera del español, y la enorme inteligencia, el enorme talento, las grandes virtudes de nuestras mujeres y de nuestros hombres indígenas, no sólo no pueden salir y expresarse con toda su fuerza y con todo su poder, sino que, además, esa barrera genera algo que Mariano ha descrito mejor que nadie, genera discriminación.

Discriminación aquí, pero algo más serio, que dijo Mariano, discriminación entre nuestra propia gente, también. Y creo que eso es algo que nos debe llamar a todos.

Si vemos bien, en México, por eso, también, los casi 10 millones de indígenas, un poco más que el Censo del año pasado dijo, casi 14, los autoreferidos, por ejemplo, indígenas que hay en México, la mayoría de ellos, la razón por la cual vivan en la miseria, en la marginación, no tengan acceso a educación, tiene que ver, precisamente, por eso: por nuestra propia marginación, muchas veces derivada del idioma.

La verdad es que, a mí, como a todos ustedes, amigos, estoy seguro, nos apantalló Mariano, hablando aquí en su lengua. Qué es, Triqui, o qué es. Mixteco o qué es. Triqui. La verdad, si nos quedamos de a cuatro y, como él dice, nada más nos reímos algunos.

Pero, la verdad es que, ya me imagino, si a nosotros nos tocará, o a mí, ir ahí, a las bellísimas comunidades triquis de Oaxaca. Y a ver, pide algo de comer, o quieres ir a algún lado, a ver cómo te las arreglas, mi cuate.

Y yo me imagino que esa es la  realidad por la que han pasado muchos, muchos paisanos. Así que, muchas gracias, Mariano, por tu testimonio, muy emotivo, muy conmovedor.

Y, además, aprovecho, también, porque me da mucho gusto ver aquí a muchos representantes de la comunidad triqui, oaxaqueños aquí presentes. Además con esos bellísimos huipiles y gabanes, o cómo se llaman, en el caso de los hombres. Cómo se llaman. Gabanes, que son  orgullo, no sólo de Oaxaca, de todo México.

Y saludo, también, a todos ustedes, amigas y amigos. Qué bueno que se congregaron aquí, en este Centro.

Saludo también a Imelda. Hermelinda, perdón. Que está aquí, al frente. Y dicen que el Centro, cuántos años tiene, Hermelinda.

El Centro tiene aquí 45 años. Y tú, cuántos tienes aquí.

O sea, Hermelinda dirige este Centro desde que tenía un año de edad.

A ver, pásale para acá, Hermelinda. Tú deberías estar acá también, pásale.

Gracias.

Tú deberías de estar.

De dónde eres tú. De Chihuahua.

Cuéntanos tantito cómo ha sido tu experiencia en el Centro.
-SRA. HERMELINDA SAPIÉN: Yo viene aquí cuando tenía 22 años y empecé como administrativa, asistente de administración, y al tiempo de los años yo subí a ser directora de personal, después Vicepresidenta y ahora Presidenta.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Eso mero. Así debe de ser. Muy bien.

Saludos a todos, amigas y amigos. Ya saludé a los de Oaxaca. Ya también me di cuenta que hay gente de todos lados.

En primer lugar, déjenme empezar, déjenme saludar a mis paisanos, los michoacanos que están por aquí. También sé que hay zacatecanos por aquí. Vi muchos jaliscienses ahí, y también vi a algunas gentes de La Laguna, de Coahuila, de Torreón; de Chihuahua, también, los paisanos de Hermelinda; de la Ciudad de México, curiosamente cada vez hay más gente de la Ciudad de México.

De dónde más. De Guerrero, de Guanajuato, también. Del Estado de México.

De dónde más. Nayarit, de Puebla, cuántos son de Puebla. Los de Puebla se van más bien allá, del lado de Nueva York; de Tabasco, de Sonora, también acá, de dónde es David mismo; de Querétaro, de Hidalgo. De todo México, amigas y amigos. Me da mucho gusto saludarlos. La verdad es que para mí es muy emocionante el estar con ustedes.

Yo vengo de, ustedes lo saben, yo soy michoacano. Y la verdad es que allá, en mi tierra, nos pasa que allá somos, según el Censo, casi cuatro millones, pero aquí, en Estados Unidos, hay otros dos millones de michoacanos más.

Y, entonces, sucede que cada familia, cada familia tiene un pariente acá, seguro. Y eso es emocionante, pero también, la verdad es muy difícil. Yo sé que es difícil para ustedes, es difícil para ustedes, porque prácticamente han tenido que dejar de ver durante mucho tiempo, algunos los han de ver ocasionalmente, otros no, pero prácticamente han dejado de ver a muchos de sus parientes.

Y allá también yo sé, porque lo veo, a mí que me tocó recorrer todos los municipios de Michoacán alguna vez, los 113. Sé la cantidad de pueblos, la cantidad de comunidades que se han convertido, algunos de ellos, en pueblos fantasmas. Sólo quedan algunos viejos, algunos niños, algunas mujeres.

Y se nos ha venido para acá lo mejor de nuestra gente. La gente más trabajadora, la gente más audaz, la de más coraje, la que cruzó el desierto, la que cruzó el río; la que arriesgó todo, la que un día se despidió de sus padres y, tal vez, en muchos casos, nunca los volvió a ver.

Por eso, yo les digo a los americanos frecuentemente: No, no es un tema que nos guste. No es un tema que celebremos. No es un tema que promovamos. A nosotros nos duele la migración, porque queremos a nuestra gente.

Y se los digo a ellos y se los digo principalmente a ustedes, amigas y amigos. Allá todos los mexicanos, todos, los extrañamos mucho, los extrañamos mucho, y estamos luchando fuertemente, muchos mexicanos, para que un día, un día nadie más se tenga que ir de México por necesidad.

Ahora que también, también hay que decir y bien claro, sobre todo en estos tiempos de hostigamiento, de persecución, de discriminación, también hay que decirlo con todas sus letras, que los migrantes mexicanos están viviendo en Estados Unidos. Hay que decir, también, que lo que ustedes están haciendo aquí es una gran labor, incluso, para este país.

Porque no se entiende, no se entiende el progreso y la prosperidad de Estados Unidos durante el Siglo XX, sin la mano de obra mexicana. No hubiera sido posible que se convirtiera este país en la mayor potencia del mundo, sin los mexicanos.

Yo recuerdo muy bien muchos casos de familias mexicanas. Mis propios primos, muchos tíos; incluso, alguna vez, el caso de un hermano de Margarita, al que no pudimos ver durante años y años. Gente que viene aquí a darlo todo, a construir este gran país.

Gente, como una vez un paisano mío, el señor Robledo, según me contó cuando tuve oportunidad de saludarlo en alguna vez que vine aquí, a Estados Unidos, aquí, precisamente, a esta región, estuve con él en Napa Valley.

Y el señor Robledo, amigas y amigos, es hijo de un migrante mexicano, también, que vino allá, por 1943.

Y saben qué me decía él, con toda razón.

Su padre vino porque invitaron a los trabajadores mexicanos a venir. No, si aquí nadie vino de gorra. Primero invitaron a los trabajadores mexicanos. Eso fue el Programa Bracero.

Fue cuando Estados Unidos estaba en la Segunda Guerra Mundial. Y qué bueno. Sus jóvenes, valientes; sus jóvenes heroicos estaban peleando en el mundo por la libertad de todos.

Y yo creo que de eso todos debemos estar agradecidos. Son cosas que a veces se olvidan en la historia, pero debemos estar agradecidos con aquellos soldados norteamericanos.

Pero, entonces, la economía de Estados Unidos estaba sufriendo, porque no tenía trabajadores. Y no sólo para la industria, que estaba vinculada a lo militar entonces, que necesitaba trabajadores. No tenía gente en sus campos, no tenía gente en sus fábricas y, entonces, el Programa Bracero abrió esta relación de trabajo entre México y Estados Unidos.

Y vinieron, estoy seguro, algunos de ustedes o muchos de sus padres, o quizá, de sus abuelos. Y vinieron entonces.

Usted vino ahí, mi amigo, en eso. Cuándo se vino para acá. En 1948, por allá. Y usted.
-INTERVENCIÓN: En 1953, 54.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Muchos de ustedes.
-INTERVENCIÓN: Y actualmente de la región de Stockton figuro como presidente de los braceros, que ya quedamos muy pocos.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Gracias.
Y usted cuántos tiene, allá, amigo. Cuántos tiene, cuántos años tiene usted. 83. Y llegó en el cuarenta y.
INTERVENCIÓN: 45. Y ya la primer contratación fue en el 48. Y como 12 años en un sólo rancho, sin salir casi para México, nada más salía a renovar mi  tarjeta, y para atrás 12 años trabajando derechitamente.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Felicidades. Y nuestro reconocimiento  y cariño para ustedes. Entonces, sí. Así empezó el Programa Bracero.
INTERVENCIÓN: Aparte de eso,  también queríamos saber si nos daban nuestro 10 por ciento que se nos recogió.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Ahí estamos en eso. Claro que sí.

El señor Robledo, como los dos amigos que están aquí, llegó por ahí del 42, 43. Y se vino a instalar, y vino a trabajar de sol a sol. Y gracias a Robledo,  y gracias a ustedes, y gracias a muchos mexicanos, este país pudo ganar la guerra, y este país pudo salir adelante.

Y si se fijan ustedes, la  prosperidad  de Estados Unidos fue más o menos continua desde entonces, hasta hace muy poco. Pero esa prosperidad no se entiende sin el trabajo de los mexicanos.

Y  miren. Es que éste es un fenómeno natural. No. No  se trata, como algunos pretenden hacer, de una especie de agresión o de malas intenciones. No. Esto es normal y es natural, y es por una razón sencillísima: Porque esta economía, la de Estados Unidos, necesita una mano de obra trabajadora y fuerte, como son la mano de obra de los mexicanos.

Es una razón, además, económica. Ésta es una economía muy intensa en capital, tiene mucho capital. La nuestra tiene poco capital, pero tiene mucha mano de obra. Y, miren, el trabajo y el capital se complementan.
Qué es lo que se necesita para que progrese una economía. Se necesita trabajo y capital. Tú puedes tener mucho capital, pero si no tienes trabajadores, estás muerto.

Y tú puedes tener mucha mano de obra, pero si no hay capital, pues ahí tiene que andar nuestra gente arando la tierra casi con las manos. Las dos cosas se necesitan y se complementan.

Y si uno tiene un país que es intensivo en capital, como Estados Unidos, y un país que es intensivo en mano de obra, como México. Si el trabajo y el capital son como el zapato izquierdo y el zapato derecho. Te puedes poner un zapato nada más, pero nunca vas a poder caminar bien y mucho menos correr. Si quieres, el izquierdo o el derecho, pero necesitas los dos.

Y eso es lo que pasa con el crecimiento económico en Estados Unidos. Necesita los dos: necesita el capital que tiene y necesita la mano de obra que tenemos. Y por esa razón, la migración tiene que entenderse: es un fenómeno económico y social natural, que no se puede parar por decreto. Tiene que regularse, tienen que establecerse reglas, pero tiene que reconocerse este hecho natural.

Por esa razón, nosotros estamos decididos, decididos a empujar fuertemente, también, una reforma migratoria aquí, en los Estados Unidos. Una reforma migratoria que reconozca, precisamente, esta realidad y los derechos que ustedes tienen. Pero, sobre todo, que reconozca por lo que tanto luchó César Chávez y tantos otros. Que reconozca la eminente dignidad del migrante y detenga los abusos y las vejaciones de que son objeto.

Sé también, amigas y amigos, que esta realidad económica pasa también no sólo por una reforma, sino por una generación de oportunidades en nuestro país.

La única manera, la única manera de que alguna vez pueda, verdaderamente, detenerse la migración, no va a ser con muros, no va a ser con bardas, no va a ser con leyes antiinmigrantes discriminatorias, como tan ferozmente se han desatado en algunos estados de la Unión Americana.

La única manera en que la migración pueda, verdaderamente, reducirse, es generándose oportunidades en México. Porque yo sé, amigas y amigos, que ninguno, ninguno de ustedes vino nada más queriendo deshacerse de nuestra tierra; ninguno de ustedes vino rezongando de la tierra donde nacimos, del cielo que vimos, de nuestras canciones y de nuestra música, y de nuestra comida y muchos menos, muchos menos de sus familias.

La gente vino aquí por una gran necesidad, por años y años de falta de oportunidades en México. Y en eso estamos, y estamos trabajando fuertemente.

Estamos trabajando, por ejemplo, en materia de salud.

Cuánto tiempo, por ejemplo, sufrió nuestra gente por necesidades de salud. Cuánta gente se sigue muriendo todavía en la montaña, en Oaxaca o en Guerrero, o en la zona de los Tepehuanes, en Durango.

Durante muchos años, México ha carecido de oportunidades, por ejemplo, de salud. Sin embargo, amigas y amigos, hemos  hecho un esfuerzo. Todavía, en el  año 2000, por ejemplo, entre la gente que estaba en el Seguro Social, o en el ISSSTE, y en otras, nada más había 44 millones de mexicanos que tenían la posibilidad de contar con algún seguro médico, con algún doctor. Pero la mayoría de los mexicanos,  más de la mitad, no tenía ni siquiera  ese mínimo derecho a la salud garantizado.

Y qué hemos hecho. Nos hemos puesto a trabajar fuerte, tanto mi predecesor, el expresidente Vicente Fox, como un servidor.

Tan sólo en lo que va de mi Gobierno, amigas y amigos,  nosotros hemos construido mas de mil hospitales o clínicas nuevas en el país; y hemos remodelado o ampliado otras dos mil más. El Seguro Popular que creó Vicente, en el 2005, nosotros  hemos cuadruplicado su presupuesto.

Y cuál es el resultado ahorita. Que si hace 10 años había nada más 44 millones de mexicanos con seguro médico, hoy en México ya hay 99 millones de mexicanos con seguro médico garantizado.

Les tengo una buena, además. Yo sé que nos falta mucho por hacer  en calidad. Yo sé que nos  hace falta mucho por hacer en servicio, pero, sobre todo, sí podemos y lo vamos a hacer, este año, o el próximo a más tardar, antes de que yo termine mi Administración, México va a alcanzar una meta que no la han alcanzado muchos países en el mundo, desarrollados o no.

Ustedes ven que el Presidente Obama peleó muy fuerte por su reforma en materia de salud. Y que  la logró con muchos costos, apenas alcanzó, o cubre, a unos millones de americanos más. Pero no ha alcanzado a cubrir a todos los americanos.

Nosotros, si seguimos trabajando así, este año o el próximo, vamos a alcanzar una meta que pocos países han alcanzado: cobertura universal de salud. Es decir, médico, medicinas, tratamiento y hospital para cualquier mexicana o cualquier mexicano que lo necesite.

Ya habló Cándido un poco de las Ventanillas de Salud. Ya hay Ventanillas de Salud en los consulados, por ejemplo, aunque, ahora sí que lo primero que tenemos que hacer es resolver allá la cosa, pero sabemos que tenemos que echarle la mano a la gente de aquí. Y por eso creamos las Ventanillas de Salud.

Tan sólo el año pasado, como decía Cándido, Ventanillas de Salud le brindó asesoría y canalizó a algún hospital donde no les pidieran documentos, donde les pudieran dar servicio barato, a más de 900 mil mexicanos aquí, en Estados Unidos.

Tan sólo la Ventanilla de Salud aquí, en San José, que me comentaba el Cónsul, hasta hace poco, David Figueroa, aquí atendió a 13 mil paisanos, en esta ciudad.

Estamos trabajando fuerte por eso. Pero no es nada más la cobertura, amigas y amigos. Miren, hay detalles bien importantes que lo mueven mucho a uno. Detalles, como el hecho de que hace dos años, por ejemplo, yo decidí que el Seguro Popular también pagara el gasto del tratamiento de cáncer para, por lo menos, los niños hasta los 18 años de edad.

Y esto, que era una decisión bien difícil, porque cuesta mucho dinero, la tomamos. Y saben qué ha pasado. Hace dos años, por ejemplo, los niños con leucemia; de los niños que tenían leucemia en México, se morían siete de cada 10. Muchos, incluso, porque los papás decían: Tiene leucemia, es cáncer, cuesta mucho la medicina, no hay manera. Y sólo abrazaban a sus chiquitos y morían. Pero, hoy, amigos, eso está cambiando. Y hoy es al revés. De cada 10 niños que tienen leucemia en México, siete se salvan. Y eso ha cambiado la vida y el rostro de muchas familias.

Estamos trabajando también, estamos también trabajando en educación. Ahí sí la cosa es más complicada, pero ahí le estamos echando muchas, muchas ganas.

Por qué razón.

Claro que se puede, amigo, y gracias por eso.

Por qué razón.

Porque tenemos una población joven que creció mucho. Cada año llegan como un millón de chavos a buscar trabajo, a buscar universidad, a buscar preparatoria.

En lo que va de mi Gobierno, por ejemplo, hemos fundado 91 nuevas universidades públicas, gratuitas, y hemos ampliado 47 más. Si de prepa se trata, hemos fundado 811 nuevas preparatorias o bachilleratos en México, la mayoría de ellas orientadas a la técnica: CONALEP, CECYTE, y quién sabe cuántos nombres se le ponen ahora, muy raros, pero donde los muchachos puedan estudiar.

Yo sé que falta mucho, pero estamos logrando también cosas interesantes. Por ejemplo, hace 15 años, sólo el 15 por ciento de los muchachos, tenían un lugar en la universidad, casi 1.5 de cada 10, uno y medio de cada 10.

Todavía en el 2006, cuando yo tomé la Presidencia, sólo había lo que se llama el 23, 24 por ciento de cobertura en edad universitaria, y con un problemón. Si no invertíamos más en las universidades, no sólo no íbamos a aumentar la cobertura, sino se nos iba a bajar, porque llegan más muchachos sin escuela.

Y, entonces, invertimos  fuerte en la universidad. Y nos propusimos  que para el año 2012, y lo comprometí  públicamente con los rectores de las universidades de  México, llegaríamos a la cobertura de 30 por ciento en la educación universitaria.

Y saben qué. En el año 2010, el año pasado, dos años antes de la meta, llegamos al 30 por ciento de la cobertura en edad universitaria. Y vamos a ir por más.

Estamos haciendo otras cosas, amigos. Por ejemplo, el hecho de tener más escuelas técnicas  y universidades nos está ayudando a preparar mejor a nuestros muchachos.

Hoy, por ejemplo, en México, se están graduando cada año, como cuántos ingenieros o técnicos se imaginan. Cada año se están graduando  en México 90 mil ingenieros o técnicos en el país. Qué quiere decir. Que hoy México genera  más ingenieros o técnicos que Alemania, o que Canadá, o que Brasil. Y eso está ayudando, también, no sólo al muchacho, sino a nuestra economía.

Por eso, los mexicanos  nos estamos volviendo los mejores, los más preparados, para ciertas industrias de manufactura. Somos los mejores en la industria automotriz. México es el país, por ejemplo, que está recibiendo en el mundo más inversión en la industria aeronáutica.

Y no sólo es alguien que pone tornillos, o que quita, que siempre, se ha dicho, la maquila y eso. No.  Son muchachos que ya no sólo hacen manufactura; es decir, cosas con la mano, sino, yo diría, talentofactura. Es decir, cosas que se hacen con inteligencia, con mucha creatividad.

Hoy,  hay muchachos mexicanos que en Querétaro, por ejemplo, están diseñando el nuevo motor de General Electric, para el avión más grande del mundo, el Airbus 380. Estamos  trabajando fuerte en ello.

Yo sé que no es suficiente, porque tenemos un gran país y tenemos mucha gente. Pero también esto es una ventaja, amigas y amigos, que somos un pueblo joven, un pueblo trabajador, un pueblo alegre.

Eso, por ejemplo, de los chavos, nos está ayudando en la economía. Qué duro nos pegó la crisis, qué duda cabe, hace dos años. Sí, como le exportamos muchas cosas a Estados Unidos y de repente se cae el elefante, nos cayó el elefante justo encima de nosotros.

Ustedes yo creo que la sufrieron también muy duro y muchos la siguen sufriendo. Sé que se vino abajo, por ejemplo, el sector de la construcción, donde muchos paisanos trabajan; el sector turismo, muchas cosas.

No sé cómo les haya ido en el sector agrícola, pero no han de haber sido las cosas fáciles, aunque pudo haber sido menos afectado que otros. Pero el hecho, amigos, es que ahora nosotros estamos saliendo y saliendo fuerte.

El año pasado, por ejemplo, el año pasado la economía mexicana creció 5.4 por ciento. Yo sé que no es suficiente. Pero miren, es el mayor crecimiento en 10 años y el tercero más alto en 29 años en la economía del país.

Y si se viene mucha gente porque no hay empleo, también la realidad es que el año pasado se crearon en México 850 mil nuevos empleos y, ojo, no son empleos, digamos: Ah, qué chiste, los tianguis o el sector informal. No, además de esos, son empleos formales; es decir, gente que paga o empresas que pagan la cuota obrero-patronal al Seguro Social o al ISSSTE, de sus trabajadores; empleos con nombre y apellido. 850 mil, que es la tasa más alta de empleo en la historia de México.

Aquí, en Estados Unidos, el desempleo es, más o menos, nueve, 10 por ciento. Allá, ciertamente empleos mal pagados o bajamente pagados, difíciles, etcétera, hay una tasa de desempleo, ahorita, del 5 por ciento o menos, en México, en este momento.

Estamos trabajando, por ejemplo, para generarle competitividad a nuestras empresas, pero también para asegurar que no haya crisis, como las que se sufrieron tanto en México, que por errores internos llevaron a la ruina a muchas familias.

Caray, a veces me pregunto, cuántos de ustedes salieron de México con una de esas crisis terribles, en alguna de esas devaluaciones, en que miles y miles de personas perdieron su casa, perdieron su empresa, perdieron su negocito, por los errores que se habían cometido en el Gobierno. La del 76, o la del 82, o la del 88, o la del 94. En el 82 mucha gente se vino para acá porque no tuvo alternativa.

Hoy, amigas y amigos, yo me acuerdo, cuando era chico, yo me acuerdo que se decía: No, es que tenemos reservas en el Banco de México para pagar seis meses de importaciones que haga México, o tenemos reservas para cubrir nueve meses del pago de la deuda, mucho, poco.

Hoy, amigos, no sólo tenemos eso. Hoy, por ejemplo, no es para que tengamos nueve, 10 o un año de pago de la deuda. Hoy, las reservas del Banco de México son de 128 mil millones de dólares, con lo cual, incluso, podríamos pagar más de dos veces toda la deuda externa de México. Nuestra economía es fuerte, es estable.

No sólo está en crecimiento, sino también tiene poca inflación, a lo mejor algunos de ustedes se recuerdan cuando estaban en México, cómo llegamos a tener inflaciones en un año de más del 60 por ciento, y en algunos meses de más del 100 por ciento. Cómo los precios de los productos cambiaban, por ejemplo, de un día para otro o, incluso, el mismo día. Cómo las tasas de interés llegaron a ser de más del 100 por ciento. Cómo quebraron muchas familias porque no pudieron pagar su hipoteca.

Margarita y yo también entramos a mora, porque no pudimos pagar nuestra hipoteca de la casa que habíamos comprado cuando nos casamos, cuando vino la crisis. Cuánta gente se arruinó por eso.

Hoy, sin embargo, tenemos una inflación, con todo y que está subiendo el precio de los commodities en todo el mundo, el precio de los alimentos, el precio del petróleo, muchas cosas, hoy México tiene una inflación de 3 por ciento, 3 por ciento, que es la más baja que se haya visto en México. En fin, amigos, estamos trabajando fuerte.

Una cosa más que quiero comentar. Yo sé que ustedes están preocupados por sus familiares allá, en México, y también por el problema terrible que hay en México, de la inseguridad. Porque, efectivamente, los capos no sólo de la droga, del crimen organizado, porque déjenme decirles, esto no es sólo un tema por la droga nada más.

A mí me preocupa más, especialmente, un bandido que está en un pueblo o en una comunidad, sintiéndose el dueño de ese pueblo y extorsionando a la gente o secuestrando, o pidiéndole cuota al agricultor, y pidiéndole cuota al de la gasolina, o pidiéndole cuota al aguacatero o al ganadero.

Esos tipos que se pretenden apoderar de nuestros pueblos, simplemente se les dejó entrar. No te metas con ellos mejor, no les hagas nada, date la vuelta, voltea para otro lado. Y, por eso, amigos, empezaron a meterse y a dominar, precisamente, nuestro, una buena parte, una parte de nuestro querido país.

No es ni la mayoría, no es, pero con uno o dos pueblos que estén en manos de esos villanos, ya ahí hay gente sufriendo una angustia que no debe sufrir. Y para dominar su territorio se pelean con otras bandas y causan estos crímenes horribles, que tanto dañan la imagen de México y tanto preocupan a los mexicanos.

Yo encontré esa situación, amigas y amigos. Los criminales empezaron a extenderse territorialmente. Cierto, antes simplemente pasaban droga a Estados Unidos y se acabó. Así, efectivamente, empezó el problema, pero luego, también, cuando nuestra economía empezó a crecer fuerte. Miren, el ingreso per cápita en México hace menos de 20 años, hace 15 años, era más o menos de dos mil dólares, tres mil dólares; ahorita es casi de 10 mil dólares per cápita, el promedio entre todos los mexicanos, 10 mil por persona.

Ellos también vieron un mercado apetitoso para su mercancía en México, y en lugar de cuidarse y preocuparse nada más por sobornar a un aduanal americano en la frontera para pasar su droga, empezaron a tratar de colocarla en los pueblos. Hagan de cuenta que era como la Coca Cola o la Pepsi Cola, tratan de poner su mercancía hasta el último pueblito de la última serranía. Es un mercado de retailers, como se dice aquí, es un mercado de distribución.

Pero, entonces, un cartel dice: Yo domino a este pueblo. Y si otro quería entrar se empiezan a dar y se empiezan a topar con todo.

Y qué pasa. Que antes para muchos, decían, es muy fácil, o llegas a un arreglo o te haces de la vista gorda con los criminales y nada más los dejo pasar; yo no te veo, yo no me meto contigo, tú no te metes conmigo, es un asunto Federal, dicen. Y tan, tan.

Pero qué pasa cuando en lugar de querer mercancía empezaron a meterse a dominar los pueblos. Ya no es de que: Me hago de la vista gorda y te vas. Si la autoridad se hace de la vista gorda, no se van, se quedan. Y se quedan a dominar y a hostigar a la gente, que es el problema que me preocupa. Porque ya asentados en la plaza del pueblo, con sus camionetas y con sus ametralladoras, se hacen dueños de todo el pueblo. Por eso sus familiares se preocupan tanto. Por eso les escriben: es que aquí están cobrando, es que aquí están amenazando, es que aquí están hablando.

Esa es la realidad que yo encontré, amigas y amigos, y que muchas veces no se ha podido o no se ha querido entender por muchos.

Pero qué es lo que debe hacer una autoridad, para qué le pagan a un Presidente.

Para lo que un Presidente, y también déjenme decirles, para lo que un Gobernador o un Alcalde, todos nos comprometimos el día que tomamos posesión. Hicimos un juramento. Juramos guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen. El primer deber de la autoridad es guardar la ley, y eso es lo que estamos haciendo en México.

Y lo que estamos haciendo, lo estamos haciendo en tres frentes.

Uno. Hay que enfrentar y combatir a los criminales. Nada de que: Yo nos los veo. Y nada de que: Mejor ni te metas con ellos. No. Se están apoderando de ese pueblo, vamos a darles, y vamos a sacarlos de ese pueblo. No,  es que tienen armas muy poderosas. Nosotros tenemos armas más poderosas. No, es que tienen una organización muy sofisticada. Nosotros también tenemos organizaciones muy sofisticadas, muy fuertes, muy disciplinadas. Es el Ejército Mexicano, y es la Marina Armada de México, y es la Policía Federal.

Toda la fuerza del Estado. Si hay una familia amenazada en Durango, o en Michoacán, o en Chihuahua o en Tamaulipas, esa familia merece el respaldo de todos los mexicanos, a través de sus instituciones.

No se le puede pedir a un Presidente, simplemente, que no se meta, que no haga. Qué hacemos, entonces, con esas familias que están sufriendo. Qué hacemos con esa gente que le exige, con toda razón, a sus gobiernos, y lo digo en plural, porque luego parece que eso es solo tarea del Presidente de la República.

Cuando le dice a sus gobiernos: Ayúdame, porque aquí hay tipos que están asaltando y que están secuestrando. El Gobierno tiene que ir en ayuda de las familias. Y eso es lo que estamos haciendo, amigas y amigos. Y estamos actuando contra los criminales.

Y sé que tienen poder, un poder que fue creciendo y madurando en el tiempo, pero estamos golpeando seriamente sus estructuras criminales.

Miren, hace dos años, por ejemplo, publicó la Procuraduría una lista de los 37 criminales más buscados, lo que llaman aquí los americanos Most Wanted, y de esos 37, hemos capturado o han muerto, oponiéndose a la captura, 20 de ellos; 20 criminales de todas las organizaciones criminales de México. Y vamos por más.

Hemos debilitado sus estructuras. Pero miren. También hay otras cosas que están ocurriendo. No sólo es este fenómeno, de que ahora se quisieron expandir en México, y por eso entraron en una actitud violenta contra la sociedad.

Aquí, el consumo de drogas en Estados Unidos sigue a todo lo que da. Y no sólo eso. Hay otro factor que, creo que entre todos debemos denunciar: el negocio de las armas en Estados Unidos, el negocio de las armas.

Siendo yo Presidente de la República, en cuatro años, saben cuántas armas les hemos arrebatado a los criminales. 104 mil armas, en cuatro años. Más de la mitad de ellas,  rifles de asalto: el AR-15, el AK-47; 11 millones de cartuchos, más de 10 mil granadas.

Y saben qué. Hemos demostrado, y lo han reconocido las autoridades americanas, que por lo menos el 85, 85 por ciento de esas armas, más de ocho de cada 10, fueron  vendidas en una tienda de armas en Estados Unidos.

Y  por qué eso. Es acaso por la Segunda Enmienda americana, que le da el derecho a cada ciudadano americano de defenderse, de defender a su familia y a su Nación.  Ojalá así fuera. Yo respeto el derecho y la Constitución de Estados Unidos, y en muchas cosas me parece admirable.

Pero la verdad, y como dije, a muchos representantes no les gustó, pero  lo dije en el Congreso de Estados Unidos, en mayo del año pasado: esas armas no están yendo a las manos de los buenos ciudadanos americanos. Esas armas  están yendo a las manos de criminales, que hoy están matando a mexicanos, pero que  un día pueden  matar, como de hecho ocurrió con el agente Zapata, a ciudadanos americanos, también.

Y por qué, entonces, sigue ese negocio de armas.

Yo lo digo abiertamente, por el lucro, por las ganancias que le produce a la industria armamentista norteamericana, este asunto. Yo acuso a la industria armamentista norteamericana de miles de muertes que están ocurriendo en México.

Yo acuso y exijo, exijo que se ponga orden en ese tema. Y no se trata de reformar la Constitución de Estados Unidos siquiera. Tan sólo con que restablecieran lo que puso el Presidente Clinton alguna vez: The Assault Weapons Ban, la ley que prohibía la venta de armas de asalto, con eso iríamos de gane en muchas cosas.

Si ustedes observan la Assault Weapons Ban expiró en el 2004. Y ustedes pueden ver claramente cómo la violencia empezó a crecer desde 2005 y, por supuesto, que tomó una espiral hacia arriba durante estos últimos seis años.

Tienen que tomarse medidas, porque esto no es un problema sólo de México. Esto es un problema de corresponsabilidad. El hecho de que vivamos al lado del mayor consumidor de drogas del mundo y que todo mundo quiera venderle droga a través de nuestra puerta o nuestra ventana, y que además, el amigo mismo le venda armas a todos los criminales, ese es el meollo y el problema de lo que estamos viviendo.

Por eso, el primer paso es enfrentar a los criminales.

El segundo. Modificar las instituciones públicas en México.

Yo sé que ustedes, cuando van a México se cansan de las mordidas de los policías.

La imagen de un policía en México, cuál es.

La imagen de un policía es esa, de corrupción. Y miren, siquiera fuera nada más mordidas para pasar por una carretera. Pero cuando esas mordidas las da un criminal de los que estamos hablando, entonces, les está entregando el poder del pueblo, que es la autoridad, a los criminales.

Y por eso, también he exigido, y está en la ley, y está en el Acuerdo por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad en México, que se cambien y se renueven todas las policías del país. Todas. Y estamos empezando por las Federales.

Propuse una ley, propuse una ley, de que toda la policía sea revisada conforme, no sólo a nivel Federal, sino a nivel estatal, conforme a lo que se llaman los controles de confianza, el vetting, como le dicen aquí los americanos.

Y qué es eso. Ahora sí que, como decimos nosotros, les pasamos la báscula a los policías. Les hacemos examen, primero, toxicológico. Y no se trata de que digan: Es que les dio clembuterol y lo que sea. No, sino de cocaína, de marihuana, de todo; porque un policía que tiene una adicción, no me digan para quién va a trabajar.

Examen psicológico. Por cierto, además, yo honestamente creo que los muchachos, porque los conozco, son buenos muchachos, los de la Selección, a propósito de este tema. Y de veras, ojalá, quiero que salgan bien. Yo sí creo que sí es un asunto de contaminación de comida, porque, efectivamente, muchos para que pese más kilitos la vaca, sí le ponen quién sabe cuánta sustancia.

Y, además, cuatro o cinco deportistas de primera, muchachos de primera, que no tienen ninguna adicción, que son sanos, de repente que sufran esto, la verdad es que me parece triste, injusto. Y ojalá todo salga bien.

Y por supuesto, que mañana estamos durísimo con la Selección Nacional.

Pero les digo, si un policía tiene, no este asunto del clembuterol, hagan de cuenta, si tiene adicción, cocaína, marihuana, heroína, crack, piedra, todo eso.  Cómo puede servir a la sociedad.

Les hacemos examen psicológico, les hacemos examen socioeconómico. A ver,  si tú tienes un salario de ocho mil, 10 mil pesos, y tienes casas aquí, coches allá, camionetas acá. Cómo explicas el dinero que tienes.

Y, sobre todo, les hacemos examen de polígrafo, que es una especie, como en las películas,  de detector de mentiras. Los ponemos ahí, con sensores de pulso, de imagen de los ojos, de ritmo cardiaco, y los interrogamos.  Y, a ver, amigo, tú qué tratos has tenido con los criminales. Y dicen: No, ninguno. Pero si ves que le botan todos los controles, ahí. El siguiente niño al pizarrón. En fin.

Estamos haciendo eso, a nivel Federal. Y como decía un amigo mío, En Paz Descanse, José Ángel Conchello: Para combatir la corrupción, no hay que olvidar que las escaleras deben barrerse de arriba para abajo.  Y por eso, estamos empezando por los meros, meros, de arriba. Y a nivel Federal, yo he obligado a todos los Secretarios a revisar todos sus cuadros, a ponerles controles de confianza permanentes. Y ya bajaron Secretarios, Subsecretarios, Directores, y ahí vamos con todos los oficiales.

La policía, para reclutar un nuevo elemento, la Federal, por ejemplo, les pone, primero, el control de confianza. Y también la ley obliga ya a que lo hagan también los estados; y que lo haga para todos igual.

Por eso, hace poco, el Gobierno Federal les pidió a los estados que ya, por lo menos a sus altos mandos, los pasaran a revisar. Porque cuando se acerca la fecha de que  ya está revisada toda la policía, y ni siquiera los altos mandos se revisan, de un estado, imagínense cómo va a estar el resto.

Entonces, estamos reconstruyendo las Instituciones. Y cuando a mí me preguntan cuándo va a terminar esta lucha por la seguridad, yo contesto eso. Es una lucha, como dije, y revisen mi discurso del primer día de mi Gobierno, 1 de diciembre de 2006: Va a ser una lucha  larga, y que va a costar dinero, y nos va a costar tiempo, y nos va a costar, por desgracia, y así ha ocurrido, lamentablemente, vidas humanas. Pero es una lucha que, unidos, los mexicanos vamos a ganar, porque de eso depende el futuro del país.

Ahora, cuándo más o menos la vamos a ganar. Y yo he dicho. Miren. Les doy una pista. El día que en México contemos con 32 policías estatales, confiables, bien preparadas, bien armadas, de muchachas y muchachos limpios, que quieran a México; el día que haya una oficina de procurador de justicia en cada estado que sea confiable y que tenga Ministerios Públicos honestos y probados, ese día, por supuesto, vamos a ganar la lucha por la seguridad pública de todos los mexicanos. Yo estoy seguro que así será.

Yo estoy seguro que así será, amigos, y estamos empeñados en eso.

Y la tercera estrategia es social. Necesitamos generar nuevamente valores y principios en los muchachos. Valores y principios.

Miren ustedes. Yo creo que muchos, todos son muy jóvenes aquí, se ve. Pero todos aprendimos de nuestros padres a respetarnos; aprendimos a respetar la vida, aprendimos a respetar a los demás, aprendimos a respetar el trabajo. Ustedes vienen aquí por eso, porque cumplen, además, con esa misión sagrada de ganar el pan con el sudor de su frente; porque sé que ustedes vinieron a eso, a trabajar, a buscar trabajo. Si no, se hubieran quedado allá haciéndoles maldad a los demás.

Pero eso lo hacen, amigos, porque tienen  principios y valores que yo comparto con ustedes. Pero hoy quizá muchos jóvenes no tienen eso, o son muchachos que se educan en la calle, sin escuela, sin familia, sin valores, sin trabajo, sin oportunidades y, entonces, los enganchan muy fácilmente.

Hemos medido que, por ejemplo, los adictos, las adiciones ya están empezando a los 11 años de edad, en promedio. Hemos visto que los enganchan fácilmente y, una vez que es adicto el muchacho, le empieza robando el monedero a la mamá. Y luego empieza con los amiguitos a robar los cristales de los coches, y luego termina siendo un sicario y termina su vida un día, quizá, preso o asesinado por una banda rival.

Ahora que hubo esta terrible, inaceptable, repudiable, cobarde masacre de migrantes, dos veces por cierto, en el mismo pueblo, en Tamaulipas, en San Fernando, hemos atrapado ya como a 87 elementos de esa banda que perpetró ese crimen horrible. Pero déjenme decirles que entre ellos, para tristeza nuestra, hemos capturado y llevado a un centro adecuado para su tratamiento a varios menores. Uno de ellos, de 14 años de edad y otro de 19 años, que reconoce haber matado él más de 100 personas.

La verdad, amigas y amigos, tenemos que cambiar también nuestra sociedad, trabajarle muy duro para darles oportunidades a los muchachos, de educación, de trabajo, de salud. Pero, sobre todo, recuperar los valores que nos han hecho una sociedad orgullosa de nuestra familia, una sociedad trabajadora y respetuosa de los demás.

Y necesitamos, también, recuperar la autoridad.

Por qué, señores.

Porque la única manera de que podemos conducir nuestra sociedad a la prosperidad es por la vía de la ley. Por eso estamos empeñados tanto en ello.

Finalmente, amigas y amigos, porque ya me dicen que llevo como 20 minutos afuera del programa.

Quiero decirles que estamos comprometidos totalmente con ustedes. A los braceros, además, quiero decirles que conozco ese tema, y lo que voy a hacer es lo siguiente.

Voy a proponer. Fíjense, este tema de la deuda con los braceros viene, ahora sí que desde cuándo, yo creo que desde los 40 o los 50. Yo, como Presidente, fui el primer Presidente que empezó a pagar esa deuda.

Hicimos ya todo el padrón de los beneficiarios del Programa Bracero. De lo que nos da el Congreso lo repartimos entre todos y ahí vamos pagando, año con año. Poquito, por supuesto. Yo quisiera que fuera de una vez todo.

Pero les voy a prometer una cosa. Voy a hacer todo lo  posible para que en el próximo Presupuesto de Egresos, le propondré al Congreso de la Unión que liquidemos totalmente esa deuda con los braceros de México el próximo año.

Y otra cosa, amigas y amigos, y finalmente. México, comoquiera que sea, México, a pesar de sus problemas, está cambiando. Su economía está creciendo. Se están generando empleos, no todos los que necesitamos, por desgracia, pero más vale que se estén generando empleos.

Estamos cubriendo las necesidades de salud de nuestra gente, que tanto ha sufrido de marginación y de discriminación.

Nos hace falta recorrer mucho terreno en la educación, pero estamos avanzando más que nunca en ese tema, abriendo oportunidades para los muchachos.

Queremos, nosotros, construir ese México en el que un día, un día, no tenga nadie que irse por hambre o por necesidad. Ese México verdaderamente de oportunidades, que pueda llamarse, y con justicia, una Nación próspera.

Yo sé, amigas y amigos, que ese México se puede, y se va a poder en función de lo que ustedes hacen, y me refiero, en función al trabajo. Porque ustedes si han salido adelante aquí, en California, ha sido por su trabajo, no ha sido por la caridad de nadie, no ha sido por el favor de nadie, es que han trabajado y han aportado sudor y lágrimas, estoy seguro, y sangre, quizá, a la prosperidad de una sociedad como ésta.

Y México también, tenemos los mexicanos que volver a esa ruta, donde, como decía Gandhi, no hay riqueza sin trabajo, y no hay éxito sin esfuerzo.

Ese México va a salir adelante, porque a pesar de que hay mala gente,  y a pesar de que hay  malvados, somos más, millones, y millones de mexicanos más, los que queremos trabajar, los que queremos salir adelante, los que amamos profundamente a México y vamos a estar ahí, en la raya, hasta lo último, defendiendo a nuestro país.

Así que, amigas y amigos:

Sepan ustedes, transmítanle a los miles y miles de paisanos que están aquí, que insisto, los extrañamos mucho, que los queremos ver algún día de nuevo en casa y, para ello, vamos a construir, precisamente, las condiciones que permitan que México sea lo que siempre ha debido ser: un país de oportunidades.

Sé que falta mucho, y sé que el camino es largo, pero bien dice el refrán, que un viaje de mil leguas, comienza con un paso. Nosotros estamos dando esos pasos, y necesitamos darlos todos juntos, los mexicanos, de allá, y los mexicanos de aquí.

Porque para mí, hoy reitero lo que tanto me han criticado, pero estoy convencido que es cierto. Allí, allí donde esté un mexicano, para mí, ahí está la Patria, y estamos aquí con ustedes.

Muchísimas gracias.

Y mucha suerte, amigas y amigos.

 


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