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Diversas intervenciones en el XCV Aniversario de la Constitución de 1917

05 feb 2012 | Discurso

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Teatro de la República, Querétaro, 5 de febrero del 2012

-MODERADOR: Toma la palabra el ciudadano licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador del Estado de Querétaro.

-GOBERNADOR JOSÉ CALZADA ROVIROSA: Señor ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa; señor Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, licenciado Juan Silva Meza; Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, licenciado José González Morfín; Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, licenciado Guadalupe Acosta Naranjo; señores Gobernadores; Legisladores Federales, locales; señores Presidentes Municipales; señores Secretarios; señoras y señores:

Les damos la más cordial bienvenida a esta ciudad, que ha sido testigo y protagonista de episodios decisivos de nuestra historia Patria. En esta ocasión, para conmemorar un aniversario más de un documento que fue resultado del encuentro de hombres visionarios, quienes acordaron dar cauce a la conciliación nacional, debatiendo ideas y principios; suscribiendo un pacto que mantiene su esencial vigencia, y que ha sido el fundamento de nuestra vida institucional.

La Constitución de 1917, es el resultado del pensamiento progresista y plural, de aquellos hombres ilustres, representativos de su tiempo y, a la vez, hombres ejemplares del pensamiento de un tiempo nuevo. Porque fue innovadora, ha sido ejemplar; porque  quienes la construyeron fueron hombres de mente clara-. Se ha mantenido vigente.

Es cierto. Las condiciones sociales, a casi 100 años de distancia, han cambiado. En 1917, éramos 14 millones de mexicanos dedicados, primordialmente, a la agricultura. Hoy, somos más de 112 laborando en diversos sectores productivos.

De aquel país, con una comunicación incipiente, hoy, el territorio nacional está integrado por una infraestructura moderna. De una sociedad predominantemente rural, hoy, nos congregamos en zonas urbanas. De la existencia de grupos de poder, evolucionamos a un régimen institucional.

Nuestro marco jurídico ha sabido adecuarse a las exigencias de la sociedad. En tiempos de profundas y vertiginosas transformaciones, la Constitución se ha reformado para seguir dando cauce al destino de los mexicanos.

Honrar a la Ley Suprema en el recuerdo de su promulgación, es un acto que va mucho más allá de la celebración anual. Es motivo de una convocatoria nacional, que nos reúne para declarar nuestras convicciones sobre el Estado de Derecho. Es, también, ocasión para establecer un compromiso colectivo por la legalidad y el respeto a las instituciones.

Es oportunidad para hacer un llamado para reflexionar sobre lo que nos corresponde aportar desde cualquier espacio de responsabilidad, a cada uno de los mexicanos, en la dinámica de una sociedad vigorosa que anhela vivir en paz y en progreso.

Aspiramos al fortalecimiento de la vida en sociedad, sin olvidar el ejemplo de unidad participativa que nos legó el Constituyente del 17. El ejemplo de aquel Congreso, es la muestra de que se puede dejar de lado cualquier diferencia ideológica y coyuntura política para garantizar el bien de la colectividad.

Representa, a la vez, una lección de que es posible hacer compatible lo que es urgente, con la visión de largo plazo que siempre está presente en la demanda de los mexicanos.

Hoy, como ayer, la diversidad debe dar paso a la unidad. Hoy, como ayer, la concordia es el anhelo más profundo de los mexicanos para que, a partir de ella, fortalezcamos el proyecto nacional para superar nuestros rezagos con el esfuerzo de todos.

Nos acercamos al primer siglo de vida del marco jurídico por excelencia y no hemos saldado aún deudas históricas con diversos sectores vulnerables. Los retos en común y las soluciones, tienen que venir del análisis, la participación y el compromiso de todos.

La sociedad nos exige que atendamos pendientes como la desigualdad y la marginación, también, que resolvamos de manera puntual la necesidad de garantizar la seguridad y tranquilidad a las familias mexicanas que confían en ver pronto superados los retos que hoy aquejan a nuestro país y que son tarea de todos.

Procuremos la plena vigencia de nuestro sistema republicano, donde las relaciones entre los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, estén fundadas en su autonomía y respeto a las atribuciones de cada uno.

Acordemos y asumamos una plataforma común, que sea norma general de nuestra conducta colectiva, que coadyuve en la construcción de un país próspero, democrático y justo, basado en principios y valores que posibiliten la concordia como condición indispensable del desarrollo, una plataforma que postule a una Nación soberana con libertades, así como con derechos y deberes.

Estimadas amigas y amigos:

Este año es un reto formidable para la democracia. Es un año crucial para definir el provenir de la Nación.

Enfrentemos el proceso electoral con madurez y civilidad, con el respeto absoluto a las propuestas, proyectos y decisiones de los demás. Hagamos valer el Estado de Derecho como principio superior, para que los procesos se sujeten a las normas y a las instituciones, y no éstas obedezcan a la coyuntura de los procesos.

El 2 de julio, un día después de ejercer nuestra decisión y nuestra visión democrática, sumemos nuestras voluntades para buscar aquella gran reconciliación, que un día como hoy, lograron ver consumada los Constituyentes del 17.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación hace uso de la palabra el ciudadano Ministro Juan Nepomuceno Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MIN. JUAN NEPOMUCENO SILVA MEZA: Señor Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa; señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, Senador José González Morfín.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Diputado Guadalupe Acosta Naranjo; señor Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro, licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa.

Distinguida audiencia, señoras y señores:

México es la historia de sus constituciones y de sus instituciones. No es exagerado decir que México es su Constitución. Asociar el país a la norma fundamental, es reconocer que existe un etos nacional, una forma de ser y un perfil de nuestra Nación.

Hoy, conmemoramos 95 años de continuidad y estabilidad constitucional. Se dice fácil, pero estamos hablando de casi un siglo de un mismo constitucionalismo, de una misma constitucionalidad y de una misma tradición constitucional.

Debemos reconocer que se trata del periodo más largo de paz, estabilidad e institucionalidad de la historia de México.
Con sus dificultades, con sus carencias y problemas, México ha vivido una continuidad institucional de casi un siglo, bajo la Constitución de 1917.

Después de un Siglo XIX accidentado, en el que ensayamos casi todo, en el que lo mismo probamos federalismo que centralismo, República que monarquía, Estado religioso que Estado laico.

Y, por fin, para inicios del Siglo XX, después de una Revolución armada, cara, en términos de paz y de costo de vidas, nuestro Constituyente de 1916-1917 se decantó, finalmente, por un proyecto de Nación, por un proyecto de país que hoy existe y que nos ha permitido estabilidad y continuidad.

La República que hoy tenemos, plural, diversa, democrática, federalista, laica, con libertades, de justicia social, de división de poderes, que, sin duda, todos los días buscamos seguir mejorando y perfeccionando, constituye, sin lugar a dudas, un avance civilizatorio, un gran logro de nuestra historia y, sobre todo, un acuerdo en lo fundamental que todos los mexicanos compartimos y no debemos perder de vista.

Los mexicanos tenemos un acuerdo fundamental que, gracias a la democracia, está más fuerte y más vigente que nunca. Ese acuerdo es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Decir que los mexicanos sí estamos de acuerdo en lo fundamental, puede sonar extraño en momentos en lo que todo se debate, todo se analiza, todo se cuestiona y todo cambia o se pretende cambiar. Pero el acuerdo existe y está en nuestra Constitución y en nuestras instituciones. Es una esencia del ser nacional, es un punto de partida básico, inamovible, incuestionable. Es México.

A pesar de los embates de la realidad y de la política, la Constitución preserva la esencia de lo mexicano y de lo que queremos ser los mexicanos, no sólo como un proyecto, sino como una realidad; no sólo como un programa, sino como una norma vigente de convivencia.

Existe en nuestra Constitución una idea de México, una visión compartida de México. Una Constitución con tantos cambios, como la nuestra, tiene y mantiene valores, instituciones y razones.

Debemos reconocer que existen en la Constitución instituciones y valores que permanecen y le dan estabilidad y continuidad. El reto, es identificarlos y saber cómo hacerlos evolucionar correctamente.

Los valores constitucionales que nos hemos dado obligan a su cumplimiento para respetar al otro, para respetar el pensamiento diferente, para construir el espacio público, para construir el interés colectivo. Existen valores que tienen continuidad en una Constitución.

A pesar de que es posible discutirlo todo, hay instituciones, valores y tradiciones que todos entendemos le dan cohesión y sentido a la Nación mexicana. Hoy decimos: Todo se discute, pero no cambia la existencia misma de un Estado mexicano.

No cambia la existencia de una Nación mexicana, pluriétnica y diversa en el concierto de las naciones, no cambia la necesidad de apegarse al respeto de los derechos humanos universales. No cambia el compromiso indiscutible con la necesaria idea de la legalidad.

No se altera la estructura clara de un diseño constitucional, basado en la idea de división de Poderes, en la conveniencia de un país plural y tolerante, que se expresa en la esencia de un estado laico. Todos coincidimos en la idea de vivir en una democracia, aunque sus formas y reglas, se discutan todos los días.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, discute todos los días cuál es la aplicación práctica a la interpretación de ese cuerpo constitucional, de ese marco normativo e institucional.

Nuestro trabajo consiste, precisamente, en hacer realizables y prácticos esos valores, en hacer realidad esos principios, en tratar de ajustar el comportamiento de personas, órganos, poderes, a esa tradición constitucional.

Para eso sirven las instituciones, para que el cambio de personas, el paso de hombres y mujeres, con pasiones y convicciones, con deseos y voluntades, a veces con caprichos y formas diversas de pensar, no tengan el poder, la fuerza para alterarlo todo.

La institucionalidad es obra colectiva. La razón y la sabiduría de todos, de muchos, que va más allá de una generación, de un grupo o de un partido. Es eso lo que hoy festejamos, lo que hoy conmemoramos, la institucionalización de México a través de su Constitución.

Una institucionalización a la que le falta por consolidarse, pero que hoy, al hacer un alto en el camino para reflexionar, nos obliga a apreciar con responsabilidad lo mucho que hemos logrado y lo que con nuestro trabajo, estamos obligados a defender todos los días.

Ese México de libertades y de justicia en el que todos creemos, obliga a la moderación, obliga a la prudencia, a la inteligencia y a la responsabilidad.

El Aniversario de nuestra Constitución, es una extraordinaria oportunidad para, a través de ella, pensar en México.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Toca el turno en el uso de la palabra al ciudadano Senador José González Morfín, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.

-SEN. JOSÉ GONZÁLEZ MORFÍN: Licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador del Estado de Querétaro.

Señores Gobernadores; señoras y señores Secretarios de Estado; señoras y señores Legisladores y funcionarios que nos acompañan; distinguidos invitados especiales; señoras y señores:

Hoy, los mexicanos conmemoramos con profundo respeto, el XCV Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917.

Acudimos a esta cita solemne, en la histórica ciudad de Querétaro, protagonista de episodios clave en la defensa de las instituciones de la República.

La Constitución del 17 plasmó en cada una de sus páginas nuestra voluntad de vivir en una Nación, cuya soberanía reside en el pueblo; plasmó, también, nuestra voluntad de vivir en un país democrático, donde la libertad es la regla y no la excepción.

Fue a partir de 1917, cuando se dio origen al Estado promotor y defensor de los derechos sociales básicos, dejando atrás la pugna por el poder y la lucha armada que marcó el destino de México en los primeros años del Siglo XX.

Los Constituyentes del 17, reunidos en este Teatro de la República, pusieron en manos de los mexicanos, la posibilidad de fundar una Patria renovada que pudiera avanzar, basándose en principios universales como la libertad y la justicia, para forjar así un mejor destino para sus hijos.

A partir de entonces, se dejó la lucha armada y comenzó la lucha de las ideas. Comenzó la lucha por cumplir y hacer cumplir los principios que dieron origen a nuestra Carta Magna.

Costó muchos años de lucha alcanzar la libertad que hoy gozamos, costó muchos años de enormes sacrificios construir el régimen de libertades ciudadanas que  hoy tenemos, y el andamiaje institucional, que hoy garantiza el pleno ejercicio de la libertad de expresión y de sufragio.

El anhelo de libertades de aquellos hombres que lucharon por  un país de justicia, comienza a tomar forma en el México de nuestros días. Hoy, podemos hablar de un país de instituciones sólidas. Hoy, seguimos honrando el espíritu del Constituyente del 1917. Que sea la Constitución un reflejo de las verdaderas aspiraciones ciudadanas, y no un reflejo de los intereses políticos.

En estos años, el Senado de la República ha trabajado para fortalecer las libertades de los mexicanos. Prueba de ello es que, en esta Legislatura, aprobamos la más importante ampliación de las libertades ciudadanas en muchas décadas.

Me refiero a la Reforma Constitucional en Materia de Derechos Humanos, que es, tal vez, la más relevante que se haya realizado al Capítulo 1 de nuestra Carta Magna.

Con ella, se ha dado una verdadera transformación en materia de protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos, por parte del Estado. Honramos, así, el legado de los Constituyentes del 17.

Los mexicanos, también, hemos tenido que emprender la lucha por la legalidad. Décadas de simulación y negociación de la ley, permitieron que la corrupción y la impunidad se enquistaran en nuestra sociedad y en muchas de nuestras instituciones.

La transición democrática dio voz y fuerza a la ciudadanía para comenzar a impulsar los cambios que requería nuestro México. Y fue, justamente, en esta Administración, cuando los mexicanos dimos el paso decisivo para sacudirnos inercias, y emprender una lucha decidida, con el propósito claro e irrenunciable de hacer de México una Nación con un verdadero Estado de Derecho.

En esta lucha, también, el Senado de la República ha sido actor fundamental, al aprobar reformas históricas en nuestra Carta Magna.

Baste mencionar la Reforma Integral al Sistema de Justicia Penal, que transforma su carácter inquisitorio en uno de tipo acusatorio que, por supuesto, hace más transparente la impartición de justicia al establecer los juicios orales.

Se suma a este cambio constitucional de gran calado, la Reforma en Materia de Amparo, que amplía la protección de la justicia en los derechos humanos, y pone al día a este instrumento jurídico fundamental de nuestro derecho, para que sirva mejor a nuestra gente.

Así, fieles al espíritu de la Constitución del 17, el Senado ha contribuido a seguir fortaleciendo nuestra Carta Magna, en beneficio de México y de todos los mexicanos.

Hoy, podemos decir con orgullo, que la Constitución está más viva que nunca en sus ideales y en sus principios.

Señoras y señores:

Dijo el Presidente Carranza al jurar cumplir y hacer cumplir la nueva Constitución aquí, en este Teatro de la República, cito, dice: Ahora sólo nos queda la obligación de ir a la práctica de la Ley Suprema que acabáis de sancionar, llevándola en nuestras manos como la enseña que nos hará grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la tierra. Hasta aquí la cita.

Creo que hoy, más que nunca, ese es nuestro mandato y nuestro deber: ir a la práctica de los preceptos que fueron plasmados con altura de miras por el Congreso Constituyente en este recinto.

Más allá de la coyuntura electoral que define la agenda política nacional, en el Senado de la República tenemos muy clara nuestra misión, y nuestra misión es seguir impulsando reformas y perfeccionando nuestras leyes, a favor del progreso de nuestra Nación.

Quienes servimos a México en el Senado de la República, sabemos que los ciudadanos depositaron su confianza en nosotros, sus Legisladores, para representarlos con responsabilidad, y para atender con eficacia sus necesidades y demandas.

Por eso, habremos de seguir promoviendo, hasta el último día de esta Legislatura, las reformas y las leyes que todavía están pendientes, y que nos permitan avanzar con paso firme hacia el futuro.

Reformas que modernicen nuestra economía y abran las puertas de más oportunidades para nuestra gente, como la Reforma Laboral.

Leyes que fortalecerán las capacidades del Estado para asegurar el imperio de la legalidad de nuestro país, como la Ley de Seguridad Nacional y la de Combate al Lavado de Dinero.

Y, desde luego, cambios de fondo que amplíen las vías para que los ciudadanos participen en los asuntos que son de todos, como la Reforma Política.

Quien busca servir a México, debe servir cabalmente a la letra y al espíritu de su Constitución. Yo estoy convencido que desde nuestra alta responsabilidad como Legisladores y como gobernantes, los aquí presentes estamos obligados a fortalecer la vida institucional, a cumplir nuestras funciones con patriotismo y con altura de miras.

Los invito a que más allá de coyunturas políticas, elevemos la mirada y tomemos junto a la ciudadanía, las mejores decisiones para el país y para su futuro.

Con ese ánimo constructivo, el mismo que inspiró a los Constituyentes de 1917, quienes hoy tenemos el privilegio de representar a los ciudadanos, debemos seguir trabajando arduamente para darle a los mexicanos el país de leyes y de instituciones sólidas que se merecen; el país grande, libre y justo con el que soñaron el Presidente Venustiano Carranza y los Constituyentes Querétaro.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra el ciudadano Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.

-DIP. GUADALUPE ACOSTA NARANJO: Licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Senador José González Morfín, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República; licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro.

Hoy, se cumplen 95 años de la Promulgación de nuestra Constitución. Si algo explica la longevidad de ésta, nuestra Carta Magna, es que además, de ser heredera de las constituciones liberales del Siglo XIX, fue pionera y vanguardista; la primera en el mundo en darle reconocimiento a los derechos sociales, producto, por supuesto, de la profunda Revolución que la hizo posible y la dotó de legitimidad.

Continuidad y ruptura, memoria histórica y cambio, la Constitución del 17 tuvo el gran mérito de recuperar lo mejor de nuestro pasado y proyectarnos al futuro.

Es importante reconocer sus raíces históricas, por principio de cuenta en la Constitución escrita por las Cortes de Cádiz, las cuales tuvieron representación de las entonces colonias americanas.

Dicho documento, que el próximo 19 de marzo cumplirá 200 años, tuvo gran importancia durante la Guerra de Independencia e inspiró a muchas otras constituciones en el mundo.

Nuestra Carta Magna, también, es heredera de la Constitución de Apatzingán, elaborada por los insurgentes de 1814; de la de 1824, que nos convirtió en República, y, por supuesto, de la de 1857, la de los liberales de la reforma que fue jurada un 5 de febrero, el mismo día en que se promulgó hace 95 años aquí, la de los revolucionarios Constituyentes, en este hermoso Teatro de la República.

Es verdad que a la Constitución se le han hecho muchas reformas a través de los años, pero, también, lo es que mantiene su esencia nacionalista, laica, social, democrática y garantista.

Persiste una interesante discusión sobre si ya es conveniente redactar una nueva o sólo seguir actualizándola. Pero si ese dilema existe es, precisamente, porque, además de su valor histórico, mantiene vigencia y actualidad, no obstante el dinamismo de la sociedad mexicana.

Lo que debe de estar fuera de toda duda es la pertinencia de mantener sus pilares, su compromiso con los derechos sociales y las libertades públicas y privadas, las cuales deben de ser garantizadas por un Estado social, democrático y de derecho, que por definición es laico.

Hay un hecho histórico de gran relevancia en la elaboración de nuestra Constitución, que es bueno recordar y tomar como ejemplo. En sus artículos fundamentales, la redacción fue mucho más allá de lo que propuso el entonces Presidente de la República, don Venustiano Carranza. Los mejores ejemplos están en los Artículos 3, 27, 123 y 130.

El Congreso Constituyente cumplió plenamente su responsabilidad, y estuvo a la altura de su circunstancia. Contó con la visión y el valor para asumirse como representante y depositario supremo de la voluntad popular, y lo hizo en tiempo de caudillos.

Por desgracia, esa independencia del Poder Legislativo, y no pocas de sus facultades y atribuciones, se perdieron al paso de los años, ante el fortalecimiento del presidencialismo mexicano.

Para hacer realidad en toda su dimensión los derechos sociales, y la supremacía sobre nuestros recursos naturales establecidos en la Carta Magna, tuvo que llegar un Presidente con la voluntad de hacerlo. Me refiero al General Lázaro Cárdenas del Río.

Pero lo correcto es que la ley se cumpla con la independencia de las convicciones de sus gobernantes. Para los ciudadanos no debe de haber más y mejor garantía que lo establecido en las leyes y, en primer lugar, en su Constitución.

Por eso, ha sido positivo para el país que, desde hace tres lustros, se haya avanzado en recuperar la autonomía del Poder Legislativo, como producto de nuestra lenta transición a la democracia. Ésta sólo es plena, cuando se desconcentra el poder y se establecen equilibrios institucionales.

El fortalecimiento del Parlamento no actúa en detrimento del Poder Ejecutivo, pero obliga a la corresponsabilidad entre Poderes. Debemos reconocer que hay importantes reformas pendientes, y graves problemas que no han sido atendidos, como la situación del país lo demanda.

Pero eso no es culpa de la pluralidad, sino, en todo caso, de la falta de consolidación y rediseño de nuestras instituciones democráticas.

Se equivocan quienes ven en la pluralidad que hay en nuestra sociedad y se refleja en las Cámaras, un obstáculo, y creen que regresando a los tiempos del Congreso monolítico  y subordinado, se lograría una mayor eficacia y gobernabilidad.

En lugar de ver a la diversidad política e ideológica del país como un molesto contratiempo, debería de verse como parte de nuestra riqueza, como algo que debemos cuidar y promover, potenciar para superar nuestros problemas con estabilidad y gobernabilidad democrática, y encarar con éxito los retos que tenemos enfrente.

A nadie le conviene un poder, siendo realmente demócrata, legislativo, ni subordinado, ni acotado por poderes fácticos o reales.

En ese sentido, resulta indispensable actualizar institucionalmente al sistema político, de tal manera que se promueva la colaboración entre los Poderes y fuerzas políticas, y se incremente la participación ciudadana.

En ambas Cámaras se han presentado reformas que fortalecen sus facultades, entre otras, a discutirse, el establecimiento de gobiernos de coalición, como una opción para construir mayorías parlamentarias estables entorno a proyectos de mediano y largo plazo.

La ratificación del Gabinete por el Congreso y la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo con presupuestos y planes multianuales. El debate y la discusión del rediseño institucional deben de darse sin tabúes y de manera franca y abierta.

Una nueva generación de derechos debe de ser incorporadas a nuestra Constitución. Es necesario empoderar a los ciudadanos, aprobando las figuras de candidaturas independientes, de consulta popular, de iniciativa ciudadana, de referéndum, de plebiscito, de reelección legislativa y de revocación de mandato.

También, debemos eliminar el fuero de los representantes populares, hacer una ley de partidos políticos y mejorar los mecanismos de rendición de cuentas. En fin.

Es el momento de darle más poder a los ciudadanos y redefinir a nuestras instituciones, conservando nuestra diversidad, fomentando la tolerancia, reconociendo nuestra pluralidad, como un bien deseable de nuestra sociedad y de nuestra democracia.

No puede dejar de mencionar la desigualdad y las muchas necesidades y carencias sociales que persisten en México. No obstante, los 95 años de vigencia de una Constitución que nació, entre otras cosas, para responder a la injusticia y la marginación.

Si algo es lacerante, hoy, de la realidad que tenemos, es la pobreza. No es aceptable la desnutrición, pero mucho menos, que haya personas que estén padeciendo hambre.

La situación de los pueblos indígenas, ahora resaltada por la sequía de la Sierra Tarahumara, debe de llevarnos a pensar e implementar medidas estructurales y no quedarnos sólo en respuestas asistencialistas indispensables, pero coyunturales.

Sin embargo, la acción espontánea, generosa y solidaria de miles de hombres y mujeres para ayudar a nuestros hermanos Tarahumaras, demuestra que persiste y está vivo el compromiso social en el pueblo mexicano, el cual, como ya dijimos, está plasmado en nuestra Constitución.

Pero no sólo tenemos carencias sociales y un régimen político que transformar. También, es preciso proporcionar seguridad a los mexicanos. Si en algo no se debe de partidizar un problema social es en este tema. Con la vida y la tranquilidad de los mexicanos debemos de cerrar filas todos.

Junto con las medidas punitivas y de combate frontal al crimen organizado que se están tomando, es necesario insistir en que en la medida que la economía crezca, generemos empleos, disminuyamos la pobreza y, especialmente, le demos oportunidades de educación y trabajo para nuestros jóvenes, se están poniendo las bases firmes para salir de la actual y delicada situación que vivimos de manera definitiva.

Amigas y amigos:

La situación por la que atravesamos en el país obliga a decisiones firmes y trascendentes.

La ciudadanía está cansada de que sus políticos, empresarios, medios de comunicación, representantes sociales y populares, mantengamos un clima de confrontación y encono, y muy poco hablemos de las soluciones que ellos esperan y necesitan de nosotros.

Por esa razón quisiera,  tal vez anticlimáticamente o por lo menos de manera ingenua, insistir que en medio de la actual coyuntura política, intentemos de manera sincera buscar soluciones y salidas a los muchos retos y problemas que tenemos en nuestra sociedad y que no saben de tiempos electorales.

Quienes no somos útiles a la gente, quienes no buscamos acuerdos que pongan por delante los intereses generales a los particulares, como lo hicieron los Constituyentes de Querétaro, que hace casi 100 años estaban en este mismo recinto, no somos útiles a México.

Retomemos su ejemplo.

Muchas gracias.

RESIDENCIA OFICIAL DE LOS PINOS, Tel. 5093 5300 Atención a la ciudadanía: 01 800 080 1127 (llamada sin costo)
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