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El Presidente Calderón en la Reunión con los Sherpas del G-20 y representantes de organismos internacionales

03 feb 2012 | Discurso

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Video completo del evento

Ciudad de México, 3 de febrero del 2012

Muy distinguidos Sherpas del Grupo de los 20.

Representantes de países invitados.

Representantes de organismos internacionales.

Estimados amigos de los medios de comunicación.

Señoras y señores:

Primero que nada, muy bienvenidos a México.

Me gustó ese tema de la tradicional bienvenida o la tradicional hospitalidad de los mexicanos. Efectivamente, nos gusta mucho recibir a la gente, lo disfrutamos mucho. Así que, para nosotros es un placer que ustedes estén aquí y, también, será un placer albergar, por supuesto, la reunión del G-20.

Me da gusto, además, la disponibilidad de todos ustedes para tener aquí la Primera Reunión de Sherpas del Grupo de los 20.

Para nosotros, para México, es un privilegio el que México se convierta en el primer país latinoamericano y la segunda economía emergente, después de nuestro querido país amigo, de Corea, en ocupar esta posición tan relevante.

Ésta es una decisión que, entendemos, corresponde a una participación activa que ha tenido México en los temas globales y, también, quizá, al manejo que hemos tratado que sea responsable y prudente de nuestra economía, lo cual se ve reflejado en términos de solidez y de crecimiento.

En 2011 nuestra economía creció, probablemente, cuatro por ciento. Generamos, en ese 2011, a pesar de ser un año difícil, casi 600 mil nuevos empleos en el sector formal, 600 mil nuevos empleos en términos netos.

La inflación, que fue un problema por los precios de los commodities, sobre todo, sin embargo, se mantuvo razonablemente baja, 3.82 por ciento.

Nuestras finanzas, también, están en orden. El déficit público, ya incluyendo toda la inversión de Petróleos Mexicanos, por ejemplo, es ligeramente superior al dos por ciento.

Nuestra deuda total, incluyendo la externa e interna, representa, es equivalente, al 32 por ciento de nuestro Producto Interno Bruto. Nuestras reservas internacionales son de 147 mil millones de dólares, que equivalen al doble de toda nuestra deuda externa, por ejemplo, la deuda del Gobierno Central. Y eso, sin contar las disponibilidades que tenemos con el Fondo Monetario, por 72 mil millones de dólares más.

En términos de nuestro sistema financiero y bancario, por ejemplo, el promedio de capitalización de la Banca Mexicana es de 16 por ciento. De acuerdo con nuestro propio Consejo de Análisis de Riesgos Financieros, aun asumiendo distintas pruebas de estrés, y dependiendo de escenarios muy pesimistas que ocurrieran en el mundo, que no quiero ni mencionar, de todos modos, nuestro sistema financiero sería capaz de resistir, incluso,  los más adversos escenarios. En fin.

Estamos muy contentos de albergar el G-20. Y es una distinción que nos llena de orgullo pero, también, de un gran sentido de responsabilidad, especialmente, por la delicada situación económica que está atravesando la economía global.

Y me interesaba mucho reunirme con ustedes, los Sherpas, porque sé que ustedes son los que hacen el trabajo. A final de cuentas, esto no lo debo decir públicamente, pero cuando llegamos a las reuniones, si los Sherpas hicieron su trabajo, salen las reuniones, y si no lo hicieron, no sale, y estamos tronándonos los dedos, los Presidentes  y Jefes de Estado, a ver qué cosa podemos decir que suene, más o menos, sólido.

Estoy seguro que el trabajo de los Sherpas, o se hace bien, y se concluye días antes de la Reunión del G-20 o, difícilmente, tendremos resultados buenos. Yo creo que lo van a hacer muy bien, y por eso me interesaba hablar con ustedes.

Nunca he estado en el Himalaya, pero entiendo que la palabra sherpa nos recuerda a los guías locales que orientan a los alpinistas y a los excursionistas a cruzar el Himalaya, o a subir al Everest, o a cualquiera de sus cumbres desafiantes.

Y poco, más o menos, vamos a hacer eso queridos, amigos, ustedes nos tienen que guiar a cruzar el Himalaya y a subir al Everest en esta reunión, con la diferencia, esta vez, que lo tenemos que hacer en medio de una gran tormenta de nieve y no me refiero a las actuales circunstancias de Europa climáticas, sino a las circunstancias financieras de Europa.

Me parece que este término es adecuado y refleja lo retador que es esta reunión, de G-20.

Lo sabemos y estamos viviendo la peor crisis económica que nuestras generaciones recuerden, es una crisis de ya casi cinco años, cuatro años. Todavía no se ve claramente una solución definitiva y evidentemente aunque no es un problema solo de Europa, la mayor preocupación, qué duda cabe, está en Europa. En ese sentido, todos nos sentimos europeos.

Decía yo hace unos días que sabemos que hay ahí una bomba de tiempo y que tenemos que tenemos que desactivarla rápidamente, antes de que explote sobre todos nosotros. Y, que de hecho, eso es lo que han estado haciendo, desactivándola, mis amigos y colegas líderes en la Unión Europea.

Ese es el panorama que no tengo, ustedes lo conocen mucho mejor que yo. Ahora quiero hablar de los cinco temas que son nuestra prioridad, ustedes los conocen:

Primero. Recuperar la estabilidad económica y el crecimiento.

Segundo. Fortalecer las instituciones financieras internacionales.

Tercero. Mejorar los sistemas financieros con un especial énfasis en el tema social y económico de la inclusión financiera.

Cuarto. Es impulsar la seguridad alimentaria y la estabilidad de los precios de los alimentos.

Y quinto. Impulsar una verdadera estrategia de crecimiento verde.

Me voy a referir un poco a todos ellos. Hablando de recuperar la estabilidad económica y el crecimiento.

Ustedes dirán: Qué puede decir un país como México a las grandes naciones del mundo que están enfrentando una crisis tan compleja. Creo que lo que podemos compartir con ustedes es nuestra experiencia, y duele decirlo, pero nuestras malas experiencias.

Es importante, como dice un dicho que no sé si es mexicano nada más, o internacional, es vital aprender en cabeza ajena.

Como ustedes saben, México y muchas naciones de Latinoamérica fuimos sinónimo de crisis, de mal manejo económico, mientras otras naciones eran sinónimo de prosperidad y solidez. Hoy, las cosas son un poco distintas.

Y las crisis que tuvimos en el pasado, nos dejaron lecciones muy importantes. Las crisis que tuvimos en el pasado fueron de distinta naturaleza, como les voy a explicar, pero todas nos han dejado lecciones.

Quizá, la primera, es, coincidiendo un poco con el problema que está viviéndose en diversas partes del mundo, la crisis empieza cuando uno rompe una regla básica de cualquier madre de familia que lleva el gasto de su casa, y que es uno no puede gastar permanentemente más de lo que recibe.

Y las crisis empiezan cuando surgen los déficits públicos, y los déficits públicos se vuelven incontrolables. Se incurre en un financiamiento sistémico de esos déficits, viene un problema de turbulencia internacional, nerviosismo en los mercados, aumento de las tasas de interés. Y, finalmente, se generan las crisis que estamos viviendo.

Eso lo vimos en México, lo vimos en América Latina, donde déficits públicos recurrentes y cada vez más fuera de control, nos llevaron a la peor crisis, a las peores crisis de deuda que hayamos tenido en nuestra historia.

De hecho, en la década de los 80, se habla de la década perdida para América Latina y creo que es una experiencia en la que debemos, podemos aprender, y debemos tratar de evitar, por ahora, en el mundo.

Otra de las cosas que aprendimos es que la clave para resolver las crisis es la velocidad para actuar. La velocidad es relevante; es decir, actuar con audacia y con oportunidad para recuperar la estabilidad económica.

El nombre del juego es, a mi manera de ver, confianza. Y la confianza tarda mucho tiempo en construirse, y se destruye muy rápidamente.

La confianza se ha perdido de los mercados, por ejemplo, a nuestras economías, y lo que hay que hacer es recuperarla lo más rápido que se pueda. Y para recuperar la confianza se requiere contundencia en las soluciones.

Tiene que haber un margen de espacio, incluso, superior a la solución esperada, tiene que haber una respuesta claramente superior a la solución esperada, una especie de over shutting en las respuestas que demos los países.

Otro tema que hemos aprendido nosotros es que hay que distinguir muy bien crisis de liquidez y crisis de solvencia.

Concretamente, cuando un país tiene fundamentos sólidos, pero no tiene dinero en el corto tiempo, tiene una crisis de liquidez, lo que necesita es dinero para enfrentarla, seguro de que podrá pagar próximamente.

Cuando tiene problemas de insolvencia, es decir, ha perdido cualquier capacidad de cumplir sus obligaciones, no hay dinero que alcance y se requiere reestructurar drásticamente. Esta diferencia es clave para estos problemas.

Ejemplos mexicanos. La crisis, por desgracia, mundialmente famosa, del Tequila, de 1995, fue una crisis de liquidez, por errores que no vienen a cuento, pero, finalmente, estalló el peso mexicano, las tasas de interés se fueron a las nubes y no tuvimos manera de enfrentar nuestros compromisos financieros.

Pero se actuó con credibilidad para un ajuste fiscal muy fuerte y, también, recibimos el apoyo decidido de gobiernos y de organismos internacionales para implementar una estrategia de contención. En este caso, el apoyo del Fondo Monetario fue clave y no era suficiente el Fondo. Tuvimos claramente el apoyo del Tesoro de Estados Unidos, y lo digo con toda claridad.

Lo digo con claridad, porque ahí jugó mucho el liderazgo del entonces Presidente Bill Clinton, que a pesar de la adversidad de su Congreso y de los costos políticos en los que incurrió, fue capaz de articular una ayuda tan potente que inmediatamente disipó los problemas de credibilidad en México. A la vuelta de unos meses habíamos resuelto el problema de liquidez y a la vuelta de un año habíamos pagado hasta el último de los dólares que se nos habían prestado y con intereses y muy buenas ganancias, por cierto, para el Tesoro y para el Fondo Monetario. Esa era una crisis de liquidez.

En Europa, por ejemplo, a mí me parece medular que se distinga que hay economías muy fuertes, muy grandes, muy potentes, como es por ejemplo España e Italia, que sí tienen problemas de liquidez y que requieren todo el apoyo inmediato que entre todos podamos construir.

Y cuando digo el apoyo inmediato, no me refiero sólo al apoyo de las instituciones europeas, llámese Banco Central o llámese todos los mecanismos que se han construido en estos años; sino que se requiere el Fondo Monetario, y se requiere del Banco Mundial, y se requieren los Bancos regionales y se requiere que nosotros, también, países en desarrollo, pongamos en las instituciones internacionales dinero, para hacer frente masivamente al problema.

Es un poco una expresión mexicana de que tenemos echarle montón al problema de credibilidad. No sé cómo se diga en otros idiomas, pero es como, ahora que viene la final del Fútbol Americano, si sabemos que la jugada del contrario, sabemos claramente que va a ser una corrida, tenemos que parar al corredor a como dé lugar y tenemos que emplear todos los jugadores en juego para parar al corredor.

Ahora, tenemos un problema de credibilidad en la liquidez de economías que son enormes y podemos vencer ese problema de credibilidad entre todos si le echamos montón. Pero si regateamos o, como decimos nosotros, pichicateamos, los apoyos que se tengan que dar, vamos a perder todos. Eso es importante.

Y por eso, yo me sumo a la idea de construir esta barrera de fuego, el firewall, para evitar que un problema de liquidez termine siendo un problema de solvencia.

Yo, por ejemplo, admiro mucho a Italia, tiene una deuda de 120 por ciento de su PIB, 100 por ciento digamos. Cien por ciento, para que salga mi ejemplo.

Si Italia puede ser muy solvente con tasas de interés del 3 por ciento, no hay problema para nadie; pero si las tasas se van al 7 por ciento, eso significa que el déficit de Italia se va a incrementar 4 por ciento del PIB por año, lo cual puede convertirlo, un problema de liquidez, a un problema de solvencia y nos arrastra a todos.

Y aquí la clave, amigos, no es tanto el dinero que se necesita, sino la credibilidad que se pueda rescatar. Es un asunto de credibilidad. El firewall no es para pagar dinero, el firewall es para comprar credibilidad, mucha credibilidad.

Y por eso, insisto. Mientras más dinero pongamos en el firewall, menos dinero vamos a gastar. Y, al revés, mientras menos dinero pongamos ahí, más nos va a costar a todos esta crisis. Mientras más dudemos en construirla, más nos va a costar a todos. Es un poco la estrategia que se usa, según la cual, si la amenaza es suficientemente creíble, nunca se tendrá que cumplir la amenaza. Es un poco la idea.

O bien, todo lo que. En fin. No quiero entrar en otro tipo de ejemplos, pero esa es un poco la idea. Creo que lo primero es cerrar ese problema de liquidez.

Hay otros países que tienen no problemas de liquidez, sino problemas de insolvencia, todos conocemos el caso de Grecia, y puede haber otros. Qué bueno que ahora se está reconociendo ese problema. Grecia no puede pagar la deuda tal y como está, y lo mejor para todos es que se renegocie en orden y lo más pronto posible.

El habernos tardado tanto tiempo, meses y quizá años en reconocer eso, nos costó a todos un problema, y de un problema pequeño, como puede ser el tamaño de la economía griega respecto a la economía de Europa, o del mundo, se volvió un problema colosal.

Entonces, reconocer que hay un problema de insolvencia, no se puede pagar esa deuda, y hay que renegociarla y restructurarla a su valor real. Y para ello, también sirve una experiencia latinoamericana.

Nosotros perdimos toda la década de los 80 por no reconocer que no podíamos pagar nuestra deuda. Hasta que, finalmente, a principios de los 90 se reconoció que la deuda latinoamericana no valía lo que se había asumido, empezamos a, se renegoció y empezamos a crecer, jugaron mucho los Bonos Brady, ahí, que nos permitieron salir.

Y para renegociar, amigos, hay dos ejemplos, como decimos en México, a la buena o a la mala. Renegociar a la buena genera círculos virtuosos. Renegociar a la mala, también. Tenemos ejemplos, no son Bonos Brady, sino es, por ejemplo, el caso de Argentina, que trató de sostener su tipo de cambio a sangre y fuego tres años, trató de hacer ajustes draconianos en la reducción de sus costos reales internamente, hasta que finalmente explotó la caja de convertibilidad.

Se generó un caos. Y finalmente, por la fuerza de los hechos, la deuda que era impagable, dejó de pagarse, y se acabó el problema de la deuda, digamos, en Argentina, en aquél entonces. Creo que es un escenario que no se quiere.

Finalmente. Qué es lo que quiero decir con esta Reunión del G-20.

Sé que nosotros no podemos resolver esos problemas, pero sí creo que podemos compartir esas experiencias. Debemos aprender de esas experiencias. Y algo que yo si quiero hacer y les pido su ayuda. Queremos jugar un papel activo en la construcción de acuerdos.

A mí me da la impresión de que las soluciones están en la mesa y hay mucho temor de ver quién pone la solución primero. Obviamente, en Europa yo veo que los grandes líderes exigen y piden con razón a los países en problemas que pongan la solución, primero, de su parte.

Los países fuera de Europa decimos o dicen, y quizá con razón: No, son los europeos los que tienen que poner el dinero, primero. Y así sucesivamente estamos en un círculo vicioso en el cual nadie se atreve a dar el primer paso.

Yo quiero que contribuyamos a armonizar y que todos digamos: Aquí está la solución, como economía en problemas, y que las instancias europeas digan: Aquí está el dinero que se necesita, y que los americanos digan: Aquí está también el dinero para el Fondo Monetario Internacional, y que el resto de los países digamos: Aquí está el dinero para el Fondo.

Y todos contribuyamos ya a un círculo virtuoso de soluciones que se ponen sobre la mesa. Es una especie de chicken game aquí, donde yo me resisto hasta que tú des el primer paso.

Yo creo que aquí tenemos que entender que ojalá generemos una secuencia de decisiones que empiece a resolver el problema.

Esa es la parte de estabilización. Simplemente, diría respecto de crecimiento, que ninguna economía que no tenga crecimiento puede, verdaderamente, constituir una solución a ninguna crisis. Tiene que hacerse consolidación fiscal y ajuste fiscal, pero tienen que encontrarse alternativas para el crecimiento inmediato.

Y esas alternativas, y tenemos que ponerlo en nuestros documentos como una hoja de ruta, son, obviamente, las reformas estructurales que se necesitan. Los problemas de desempleo que se están viviendo en Europa no sólo son problemas de recesión, son problemas de diseño estructural de mercado laboral, por ejemplo.

Dos. Tenemos que salirnos del tradicional exhorto a que de inmediato se termine la Ronda de Doha el próximo mes, que lo venimos diciendo hace aproximadamente cuatro años, en resultados.

A entender que una salida para crecimiento en este momento es claramente el comercio internacional. El comercio es la salida económica a un estado recesivo de la economía mundial, tenemos que verlo desde esa perspectiva y cambiar los paradigmas en los que han estado atrapados los representantes de nuestros países, negociando una Ronda que hace rato está, a mi juicio, totalmente agotada.

Tenemos que hacer una cosa diametralmente distinta y entender el comercio como una salida a esta crisis.

Voy a los siguientes temas, y perdón porque abuse en el uso de la palabra, pero, obviamente, de los temas que nos interesan está el de fortalecimiento de las instituciones financieras y tiene que ver con el Programa de Estabilización.

La estabilización requiere, precisamente, el fortalecimiento de las instituciones financieras internacionales, que es nuestro segundo tema. Y, por eso, es tan importante para nosotros la capitalización o el rediseño de fuerza del Fondo Monetario Internacional y el diseño de facilidades claras de intervención en las crisis presentes y en cualquiera futura.

Tenemos que rediseñar las instituciones financieras para que resuelvan los problemas del Siglo XXI, no los del Siglo XX. Y eso implica un esfuerzo de todos.

Tercero. La mejora de los sistemas financieros, incluidas medidas para ampliar la inclusión financiera y aquí, simplemente, reitero que esta crisis empezó antes de Lehman, por problemas financieros y por irresponsabilidad financiera. Y tenemos que evitar que esa crisis se repita, precisamente.

Mi temor es que no hemos terminado por dar un marco regulatorio que sin ser intrusivo, sin ser estorboso sea, verdaderamente, un marco regulatorio presidencial a nivel financiero.

Ahí la llevamos. Vamos avanzando bastante bien, pero se requiere mucho más.

El cuarto tema es el de seguridad alimentaria y tenemos una preocupación fundamental. No han salido en la mayoría de los países mediciones recientes acerca de pobreza, esa es la verdad.

Pero qué ha pasado, amigos.

Si consideramos que la gente que vive en condiciones más pobres, digamos, los mil millones de personas que son más pobres, destinan la mitad o más de su ingreso a comprar alimentos y los alimentos se han duplicado en precio en los últimos seis años, estamos hablando, quizá, del mayor incremento de la pobreza a nivel mundial que se haya tenido, quizá, en décadas.

Y eso explica, por ejemplo, a mi juicio, muchos problemas que estamos viendo en las calles. Independientemente de este salto a la dignidad de muchos pueblos, yo creo que los problemas en el Norte de África, también, tienen que ver con el precio del pan y tienen que ver con el precio de la gasolina, y tienen que ver con el precio del trigo.

La hambruna terrible, que pensábamos que se había superado en el Cuerno de África, tiene que ver con el precio de los alimentos y el aumento crónico de la pobreza. Y eso tiene que enfrentarse.

Y, bueno, el quinto tema. La estrategia de crecimiento verde. Éste es un tema que me apasiona y, por tanto, mejor lo voy a dejar así, no me quiero extender. Simplemente, digo que, también, hay que verlo desde otra perspectiva.

Vean el problema de México. Nosotros el año pasado tuvimos al mismo tiempo las peores inundaciones en la historia en el Sureste y, al mismo tiempo, inundaciones como las que está teniendo, por ejemplo, la parte Norte de Sudamérica: Colombia, Venezuela, han tenido inundaciones pavorosas.

Y al mismo tiempo nosotros tuvimos, el mismo año la peor sequía en 70 años en México.

Por qué digo 70 años.

Porque no tenemos registros más antiguos. Pero según los registros de Texas, es la peor sequía en 180 años y estamos a tres metros de Texas nosotros. Eso es cambio climático.

Yo entiendo la resistencia que hay en tiempo de crisis hablar de cambio climático. Por eso vamos a poner el énfasis en Crecimiento Verde. Y quiero que vean esto desde otra perspectiva.

Cuando pensamos en oportunidades de crecimiento, sí es posible tener oportunidades de crecimiento en materia de proyectos ambientales. Me refiero a todos los proyectos que tienen un valor presente, neto, positivo que hay en el mundo y que pueden echarse a andar si se encuentran los mecanismos financieros adecuados.

Qué tenemos ahora. Una paradoja.

Hay dinero disponible. Hay dinero disponible de fondos de pensiones, hay dinero disponible de fondos soberanos, hay dinero disponible de fondos de seguros que lo que están buscando son proyectos de largo plazo, rentables.

Y esos proyectos, paradójicamente, tienen que ver con el crecimiento que estamos buscando después de crisis, que son proyectos de infraestructura y son proyectos de Crecimiento Verde, proyectos de ahorro de energía, proyectos de generación de energía sustentable.

Y ahí hay una oportunidad, y con esto termino.

Hay una oportunidad porque el precio de la energía sigue estando muy alto, el precio del petróleo. Hay una oportunidad para proyectos verdes, porque la tecnología está avanzando muy rápido y porque hay una rentabilidad de valor presente de largo plazo muy positiva en muchos proyectos y porque hay capital disponible que no encuentra en las tasas de interés actuales, sobre todo, alternativas y necesita encontrar mecanismos financieros para esos proyectos.

Yo le pido a los Sherpas que lleguemos a Los Cabos con proyectos que puedan hacer el match entre capitales disponibles y proyectos de infraestructura, por un lado, y proyectos verdes, por otro.

Les agradezco mucho su atención.

Sé que me he extendido, pero quería aprovechar aquí, la presencia de ustedes y de la prensa, para dar nuestro punto de vista y decirles que México no será un jugador pasivo, ni será un pasador de palabra nada más en la Reunión del G-20.

Estamos decididos a contribuir, desde este foro tan importante, a que encontremos soluciones a los gravísimos problemas que todos tenemos, antes de que sea demasiado tarde para todos.

Muchas gracias y muy buen provecho.

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