Inicio | Sala de Prensa del Gobierno Federal | Discursos | El Presidente Felipe Calderón en su participación en la Primera Sesión Plenaria de la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno
San Salvador, República de El Salvador

Muchísimas gracias.
Excelentísimo señor Elías Antonio Saca, Presidente de la República de El Salvador.
Estimado señor Secretario General, Enrique Iglesias.
Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica.
En primer lugar, quiero manifestar, a nombre de todos los mexicanos, nuestra más enérgica condena, no sólo a los actos realizados en la Universidad de Navarra, en las horas recientes, sino una condena enérgica al terrorismo y a la violencia, en todas sus formas y en todas sus manifestaciones; y externar nuestra solidaridad con el pueblo y el Gobierno español: con Su Majestad, el Rey Juan Carlos; con el Presidente de Gobierno, Rodríguez Zapatero, y la solidaridad de México con las víctimas que han sufrido este atentado.
Con especial énfasis hay que condenar la ocurrencia de este acto bárbaro en un recinto educativo de jóvenes, a propósito del tema que hoy nos reúne y que precisamente alienta, debe alentarnos a realizar todos los esfuerzos posibles a nivel regional, a nivel internacional, para combatir este flagelo.
Y desde luego que saludamos la expresión hecha por nuestro anfitrión de externar unánimemente el repudio de esta Reunión Iberoamericana y de sus integrantes a este acto terrorista, en particular, y al terrorismo, en general.
En segundo lugar, quiero expresar mi más amplio reconocimiento al pueblo y al Gobierno de El Salvador y en especial a su Presidente, nuestro amigo el Presidente Saca, por la magnífica organización de esta Cumbre y también por centrar sus trabajos en temas decisivos para Iberoamérica como son: juventud y desarrollo.
Es muy claro que hoy la compleja situación económica global que estamos viviendo, quizá domina la coyuntura y los temas de preocupación de gobernantes y gobernados; pero también nos hace una reflexión de fondo acerca del futuro de nuestra región iberoamericana y de quienes tienen en sus manos la posibilidad de que ese futuro sea más próspero y más humano, que son los jóvenes.
Esta situación es lo que nos obliga a tener, a actuar con rapidez y con imaginación para que esos jóvenes, esos millones de jóvenes iberoamericanos puedan contar con elementos que les permitan hacer valer sus derechos a la salud, a la educación, al deporte y a la cultura.
Quiero retomar las cifras que se han dado aquí y que la Secretaría General ha contribuido a poner en la mesa de la discusión.
Lo decía el Presidente Rodríguez Zapatero, que el 20 por ciento de los jóvenes en Iberoamérica ni estudian ni trabajan. Estamos hablando, además, de una región muy joven, es decir, cuatro de cada diez habitantes de Iberoamérica son menores de 30 años.
Si subiéramos la cifra un poco más, estaríamos hablando de casi la mitad de la población.
Pero si tomamos el referente de menores de 30 años, hablamos de 200 millones de habitantes.
Y la cifra, sin embargo, en términos de carencia de oportunidades para estos jóvenes, lo digo seriamente, ponen en peligro la viabilidad de Iberoamérica y, en particular, de Latinoamérica y el Caribe.
Algunos datos que añado a los que se han aportado aquí. Si hablamos de la tasa de ocupación universitaria o de reclutamiento universitario en nuestra región, estamos hablando, por referirme sólo a América Latina, que sólo el 17 por ciento de los jóvenes entre 18 y 23 años de edad, tienen acceso a educación superior; es decir, menos de uno de cada cinco.
Si hablamos, por ejemplo, bueno, felicitando al señor Primer Ministro de Portugal por esta computadora que nos ha presentado, y que quisiéramos, desde luego, poner todos en manos de nuestros jóvenes que implicaría un esfuerzo de política pública enorme.
Pero antes que eso, hay que reflexionar que, según los datos de la propia Secretaría General, la tasa de penetración del Internet en la región es ligeramente menor al 20 por ciento; y si excluimos a España y Portugal, que tienen tasas singularmente más elevadas, en el resto de la región Iberoamericana, menos del 17 por ciento de la población tiene acceso a Internet. Y algunos de nuestros países, menos del dos por ciento de la población, tiene acceso a Internet.
En pleno Siglo XXI y en plena sociedad del conocimiento eso implicará un nuevo eje de desigualdad que agravará las condiciones de miseria no sólo de nuestra juventud, sino de toda nuestra población.
En cuanto hablamos de empleo, si tomamos a la población que está entre los 15 y 24 años, de ellos sólo el 18 por ciento, menos de cada uno de cinco jóvenes tiene empleo formal. Cerca del 30 por ciento trabaja, pero en la informalidad.
Y por lo menos 12 millones de jóvenes buscan desesperadamente trabajo y no lo encuentran. Si a estos 12 millones agregamos el 20 por ciento de los 200 millones de jóvenes, que nos referíamos hace rato que ni estudian ni trabajan, estamos hablando de que quizá 52 millones de jóvenes en América Latina no tienen estas oportunidades.
Esto qué significa.
Que no tienen opciones de educación, que no tienen opciones de trabajo, que probablemente tampoco tienen la posibilidad de integrar un ambiente familiar y social, que permita un desarrollo humano pleno e integral.
Esto lo combinamos con otros factores que está sufriendo Iberoamérica y, particularmente, América Latina.
Uno. Se ha convertido la nuestra, América Latina, en la región más violenta del mundo, con el mayor número de muertes violentas. Muchas de ellas asociadas, yo diría la enorme y abrumadora mayoría, a la acción del crimen organizado que nos ha colocado, por desgracia, en una posición de provisión global de narcóticos de los de mayor consumo, de cocaína o marihuana, precisamente en las cercanías de los mercados de mayor consumo, fundamentalmente los Estados Unidos.
Esto ha generado que esta masa de jóvenes que no tienen oportunidades y que la tradujéramos como si no tuvieran un futuro, son fácilmente reclutados, primero para el consumo de droga y después para la operación violenta de los grupos criminales, y eso pone, es otra vertiente que pone en peligro el futuro de América Latina.
Qué es lo que tenemos que hacer en este entorno de un mundo que compite ferozmente.
Yo quisiera, precisamente en el recuento, en el balance que tiene que hacer esta Cumbre, también encontrar en estos riesgos que ponen en peligro la viabilidad de nuestra juventud y, en consecuencia, de nuestro futuro, datos que también son alentadores.
Dónde está la fuerza y las potencialidades de Iberoamérica respecto de su juventud y su futuro.
Una, precisamente, en que es un continente joven. También el hecho de tener cuatro de cada diez habitantes menores de 30 años de edad es nuestra gran oportunidad.
Porque tenemos un bono demográfico que se puede prolongar dos décadas, en el caso latinoamericano, y que permitiría a una fuerza laboral joven sostener el crecimiento de las economías e, incluso, sostener a una población económicamente dependiente formada por adultos mayores y por menores de edad, por niños.
Una situación muy diferente, por ejemplo, a la que ya está viviendo la Unión Europea, en su conjunto, donde la mayor parte de la población está pasando a ser población dependiente, fundamentalmente retirados, o distinta a la del propio Estados Unidos.
Y dos, lo que ya se comentaba aquí, el enorme, el desempeño económico que, por primera vez en varias décadas, está teniendo América Latina. Podrán variar un poco las cifras y las estimaciones, pero si se mira el crecimiento de los países latinoamericanos, el crecimiento económico de los últimos años, por lo menos de los últimos tres años, ha sido superior al crecimiento de los países desarrollados, ha sido superior al crecimiento de los países europeos, ha sido superior al crecimiento de los países africanos y, con la excepción de Asia, es el mayor crecimiento económico del mundo.
Qué tenemos que hacer, precisamente, para no perder el futuro.
Uno. Tenemos que invertir en los jóvenes, tenemos que hacer fuertes inversiones en valor humano o en capital humano, si lo prefieren, y eso implica hacer una apuesta de políticas de Estado en favor de la educación y, particularmente, educación media superior y superior, no sólo en cobertura, sino en calidad.
Dos. Invertir fuertemente en salud y tenernos la meta de poder alcanzar cobertura universal de salud. En México con los programas que hemos multiplicado en materia de salud, por ejemplo, con Seguro Popular, con el Seguro Médico para una Nueva Generación, que le asegura la cobertura médica a los niños desde que están en el vientre de su madre, hasta de por vida para ellos y su familia. Estamos en la posibilidad de llegar a la cobertura universal de salud para el año 2011, que implica médico, medicina y tratamiento para cualquier mexicana y para cualquier mexicano.
Tres. Necesitamos invertir fuertemente en las potencialidades de desarrollo de nuestros países, invertir en valor humano e invertir en capital físico de nuestros países; invertir en infraestructura.
Para ello se requiere que América Latina, Iberoamérica en general, incremente, aún en esta situación de crisis, los montos de inversión tanto pública como privada en nuestra región. Y aquí me voy a referir a la compleja situación económica que prevalece en la economía mundial.
Vale la pena recordar que la crisis actual se gestó en un proceso de desregulación acelerada; es decir, una falsa, un falso planteamiento de que los sistemas financieros son autorregulables y que pueden funcionar por sí solos, en ausencia absoluta del Estado, llevó a excesivas tomas de riesgo, originando burbujas en los precios de los bienes raíces y un colapso global de instituciones financieras.
Se dice que es la peor crisis desde 1929, es cierto, con la diferencia de que en el 29 no había una economía global como la que ahora tenemos y los impactos fueron mucho más localizados.
Hoy los efectos hacia Iberoamérica van a ser resentidos en nuestra población.
Una primera meta que tenemos que hacer es evitar que aumente la pobreza extrema en nuestra región iberoamericana. Esto es muy probable, porque la baja de empleo y el aumento de los precios de los comestibles pueden arrojar, en tan sólo un año, a nuevos millones de pobres, particularmente en América Latina y el Caribe.
Dos. Tenemos que generar, precisamente, un nuevo orden económico internacional, como ya se ha dicho aquí, que permita, precisamente, un diseño equilibrado entre el Estado y el mercado, y una supervisión y regulación mucho más severa del funcionamiento de los sistemas financieros internacionales y nacionales.
Tres. Necesitamos reducir el impacto de esta crisis en los efectos en el lado real de nuestra economía, en crecimiento y en empleo, y para eso es urgente una política coordinada entre países de la región, que permita detonar la inversión, tanto pública como privada.
Y la inversión pública, ante la escasez de recursos, tiene que orientarse, precisamente, a todo lo que da valor humano; tiene que orientarse a la educación, tiene que orientarse a darle escuela primaria y secundaria o educación media y educación superior a estos jóvenes, sin lo cual no tendrán futuro y sin lo cual seguirán siendo reclutados por el crimen, tiene que orientarse a salud y tiene que orientarse a infraestructura.
Pero también, amigas y amigos, necesitamos plantear que la región iberoamericana, una región en su mayoría en subdesarrollo, particularmente en este continente, requiere ser receptora de enormes flujos de inversión y de ahorro externo, sin los cuales le será imposible financiar su desarrollo.
Y sé que este es un tema que se puede prestar a una polémica amplísima, pero el hecho es que si no tenemos quien invierta en nuestra región, si no hay quien ponga una fábrica, un invernadero, un hotel, un desarrollo, no habrá posibilidades ni futuro económico para la región, particularmente para los países más pobres.
Combinar un aumento de la inversión pública en infraestructura, en educación, en salud y vivienda, y un aumento de la inversión privada, para decirlo con toda claridad, que pueda detonar el crecimiento, es la única manera en que, verdaderamente, demos oportunidades, por un lado de valor humano y esparcimiento a los jóvenes, y por la otra oportunidades de trabajo, que es, verdaderamente, lo que demandan y lo que exigen a nuestros gobiernos.
Aumentar el ahorro de nuestros países, profundizar reformas y acciones que mejoren la competitividad de la economía.
Hoy América Latina, específicamente me refiero, tiene que plantearse con seriedad no sólo la salida de esta crisis como región, sino una salida victoriosa frente a otras regiones en el mundo. Y si el crecimiento económico está orientado más que en América Latina, hacia Asia, por ejemplo, tenemos que encontrar cuáles son aquellos factores que hacen más competitivas otras regiones en desarrollo para igualar esos factores, y si es entrenamiento y calidad educativa, tenemos que apostar en entrenamiento y calidad educativa. Y si es certidumbre y Estado de Derecho, tenemos que apostar a respetar derechos y certidumbre; o si es un factor de infraestructura, tenemos que apostar a infraestructura.
Por otra parte, tenemos que integrarnos más como región. Si el mundo enfrenta una recesión y América Latina sigue creciendo, hoy América Latina tiene que consumir productos latinoamericanos, y eso implica romper una serie de prejuicios y tabúes, y poder integrar mucho más rápido nuestros mercados.
Necesitamos que América Latina o Iberoamérica apoye a Iberoamérica, y eso implica acelerar procesos de integración no sólo política, sino procesos de integración económica en esta región.
Finalmente, dos reflexiones.
Hay factores que pueden detonar, especialmente, las oportunidades para la juventud, aparte de educación y salud; pero uno que puede acotar los riesgos en varios frentes, y uno muy claro es el deporte.
Una política pública que generalmente se toma como secundaria y adicional, no medular. Hoy que queremos prevenir las nuevas enfermedades de nueva generación, las que son más caras y más difíciles de curar, arterioesclerosis, diabetes, etcétera; necesitamos una juventud que practique deporte.
Si queremos ganar la batalla de reclutamiento de jóvenes por los criminales, necesitamos orientarlos hacia el deporte y una práctica personal y familiar sana, una práctica cotidiana de ejercicio.
Y, finalmente, hacer una esperanza nueva en el continente iberoamericano. Para decirlo con toda claridad, hoy los jóvenes no creen en nada.
No creen en los políticos, y estoy seguro que no decepciono aquí a nadie, todos lo sabemos.
No creen ahora en la economía, porque la economía ha fracasado; no creen en el capitalismo, que está mostrando sus terribles deficiencias; y no creen tampoco en el socialismo, que murió hace rato, antes de que ellos nacieran.
No creen y si no creen, y se puede debatir acerca de estos sistemas; en lo menos que creen es en las ideologías. Probablemente no creen muchos en Dios, porque van hacia un siglo de un gran agnosticismo.
Cómo puede construirse un futuro sin creer en algo.
Y hoy quizá el reto que debemos plantearnos, además de invertir en educación y en salud y en deporte y generar empleos, lo que tenemos que hacer es que la nueva generación de jóvenes iberoamericanos pueda creer firmemente en algo: que pueda creer en el hombre, que pueda creer nuevamente en la justicia, en la libertad, en los derechos humanos plenamente respetados, que a veces los damos por cumplidos y no están cumplidos.
Tenemos que hacerlos creer, además, en el medio ambiente, en la trascendencia, en lo que ustedes quieran. Pero, sin una generación nueva, que crea firmemente en el futuro de Iberoamérica se perderá.
Y un camino no suficiente, pero sí indispensable que hay que recorrer es la congruencia de nuestros propios gobiernos y de nuestras propias instituciones y sociedades.
Sin congruencia, sin nuestra propia creencia en el futuro, en los derechos humanos, en la justicia, en la libertad, en la democracia, en el medio ambiente, y sin un actuar en consecuencia congruente, personal e institucionalmente con estos valores, no habrá quien siga a esta nueva, a esta generación, que finalmente ya está en el momento relevante de sus responsabilidades, pero que finalmente irá de salida.
Una esperanza para Iberoamérica es lo mejor que podemos heredarle o legarle a una juventud que no tiene asegurado su futuro por culpa nuestra.
Muchísimas gracias.
Última modificación:
Martes, 27 de Enero de 2009 a las 19:49 por José Antonio Monterrosas Figueiras.