Alejandro Poiré
08 ago 2011
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Tema que por cierto también se discute en otros países del mundo que tienen, al igual que México, desafíos relacionados con la rivalidad delincuencial y el consumo de sustancias ilícitas.
Este es un tema sumamente complejo y merece una reflexión profunda, pero debemos partir de algunas premisas básicas. Suponer que la legalización de las drogas resolvería el problema de inseguridad implicaría pensar que las bandas delincuenciales del narco hoy solamente se dedican al tráfico y distribución de drogas. La verdad es que desde hace unos veinte años o más, estas bandas empezaron, cada vez más, a incursionar en muchas otras actividades delictivas, como el secuestro, la extorsión, el robo en diversas modalidades, la trata de personas, etc. Pensar que solamente quitándoles el negocio criminal de las drogas estas organizaciones desaparecerían, ignora esta diversificación criminal que nos obliga a dar soluciones de fondo, para que paguen por los delitos cometidos, y para que esto lleve a una mayor seguridad. Es decir, hacer legal este negocio ilícito no garantiza que estos sujetos dejarían de intervenir en actividades criminales, siempre buscarán un nuevo mercado del que sacar ventaja si, en cambio, no conseguimos tener instituciones de seguridad y justicia efectivas, eficientes y, sobre todo, confiables.
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